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Ixión y el origen de los Centauros I (por Diodoro) - Ixión y el origen de los Centauros II (por Apolodoro) - Ixión y el origen de los Centauros III (por Píndaro) + Centauros y lapitas (por Diodoro) + Heracles y los centauros I (por Diodoro) - Heracles y los centauros II (por Apolodoro) + Neso (por Diodoro)

     
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Ixión y el origen de los Centauros --
     
   

Diódoro de Sicilia. Biblioteca Histórica
Libro IV – 69
Edición: Biblioteca Clásica Gredos. Madrid 2004
Traducción de Juan José Torres Esbarranch (muy bien, por cierto)

«Éste, según se dice, tras prometer a Eyoneo que le daría muchos presentes como pretendiente de su hija, se casó con Día, la hija de Eyoneo, con la que engendró a Pirítoo. Pero luego Ixión no entregó los presentes prometidos por la mano de su mujer, y Eyoneo, en contrapartida, se quedó con sus yeguas como fianza. Entonces Ixión convocó a Eyoneo, asegurándole que atendería todas sus demandas, y cuando se presentó Eyoneo, lo arrojó a un foso en llamas.

»A causa de la enormidad de este crimen, nadie quería purificarle. Finalmente, según los mitos, fue purificado por Zeus. Pero se enamoró de Hera y tuvo la osadía de hacerle proposiciones. Entonces Zeus hizo una imagen de Hera con una nube (Nephéle) y se la envió; Ixión se unió a la nube y engendró a los seres de naturaleza humana llamados centauros. Al final, Ixión fue encadenado por Zeus a una rueda debido a la enormidad de sus transgresiones y, después de su muerte, se vio abocado a un castigo eterno».

     
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Ixión y el origen de los Centauros II-
     
   

Apolodoro. Biblioteca Mitológica
Epítome I – 20
Edición: Akal clásica. Madrid, 1987
Editado por José Calderón Felices

«Ixión se enamoró de Hera e intentó violarla; ella se lo comunicó a Zeus y, queriendo saber si el hecho había sido así, Zeus hizo una nube parecida a Hera y la reclinó al lado de Ixión; entonces a este, que presumía de haberse unido a Hera, Zeus lo encadenó en una rueda en la que va girando por el aire impulsado por los vientos. La nube dio a luz de Ixión a Centauro».

     
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Ixión y el origen de los Centauros III--

     
   

Píndaro. Odas y fragmentos
Pítica II
Edición: Biblioteca Básica Gredos. Madrid, 2004
Traducción de Alfonso Ortega

A Hierón de Siracusa, vencedor en la carrera de carros

Epodo
[…]
Por mandato de los dioses, se cuenta que a los mortales Ixión
va diciendo talmente en alada rueda
de un lado a otro volteado:
«¡Que al bienhechor se pague la deuda
acudiendo con dulces recompensas recíprocas!»

Estr. II
Bien aprendido lo tuvo. Pues entre los benévolos Crónicas
dulce vida logrando, no pudo resistir la larga
dicha, ya que con locas entrañas
a Hera deseó, que en suerte tocara al lecho de Zeus
abundante de goces. Pero indómita pasión a violenta ceguera
lo lanzó. Pronto sufrió merecido castigo ese hombre
y recibió tormento extraordinario. Este doble delito
le causa dolores; lo uno por ser el héroe que primero entre [todos
la sangre fraterna vertió, no sin astucia,
en medio de los mortales,

Ant.
y porque antaño en los tálamos anchurosos
quiso tentar a la esposa de Zeus. Es preciso ver siempre,
conforme a sí mismo, la medida de todo.
Los coitos extraviadotes a ingente infortunio
precipitan. También a él –Ixión– llegaron,
pues se acostó con una nube,
a la caza del engaño dulce, ignorante hombre.
Porque en su forma semejaba la nube a la altísima hija
de Crono nacido de Urano. Como engaño la formaron
para él las manos de Zeus, hermosa tortura. Y la cadena
de cuádruple radio fabricó para sí

Epod.
él mismo, su propia ruina. Y en irrompibles lazos, que anudan [los miembros
cayendo, asumió transmitir el general anuncio.
Sin favor de las Gracias parió para él una estirpe insolente
la nube, única ella a él único, que ni entre los hombres
encuentra honor ni en los espacios de los dioses.
La que lo crió le puso por nombre Centauro, y él
se ayuntó con las yeguas de Magnesia al pie
del Pelión, y nació una horda
asombrosa, semejante a los dos
progenitores, igual a la madre en la parte de abajo,
igual por arriba a su padre.

     
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Centauros y lapitas --

     
   

Diódoro de Sicilia. Biblioteca Histórica
Libro IV – 70
Edición: Biblioteca Clásica Gredos. Madrid, 2004
Traducción de Juan José Torres Esbarranch

«Los centauros, al decir de algunos, fueron criados por las ninfas del monte Pelión; y cuando fueron adultos, se unieron a yeguas y engendraron a unas criaturas de doble naturaleza llamadas hipocentauros. Otros, sin embargo, afirman que fueron los centauros, nacidos de Néfele e Ixión, quienes fueron llamados hipocentauros, porque fueron los primeros en practicar la equitación, y en el momento de forjar el mito se les catalogó entre los seres de doble naturaleza.

»Se dice asimismo que, dado que eran parientes, pidieron a Pirítoo su parte del reino paterno, y que, al no satisfacer Pirítoo su demanda, emprendieron una guerra contra él y contra los lapitas. Posteriormente, una vez que se hubieron reconciliado, Pirítoo se casó con Hipodamía, la hija de Butes, e invitó a la boda a Teseo y a los centauros; y se cuenta que los centauros, al emborracharse, se abalanzaron sobre las mujeres invitadas y se unieron a ellas por la fuerza, y que, indignados ante aquella fechoría, Teseo y los lapitas mataron a un buen número y expulsaron a los otros de la ciudad.

»Por esta razón los centauros en masa hicieron una expedición contra los lapitas y mataron a muchos; los supervivientes se refugiaron en el monte Fóloe, en Arcadia, y finalmente fueron a parar a Malea y se establecieron allí, mientras que los centauros, exaltados por sus éxitos, y tomando el monte Fóloe como base, saqueaban a los griegos que pasaban por allí y mataban a muchos habitantes de las tierras circundantes».

     
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Heracles y los centauros I --
     
   

Diódoro de Sicilia. Biblioteca Histórica
Libro IV – 12
Edición: Biblioteca Clásica Gredos. Madrid, 2004
Traducción de Juan José Torres Esbarranch

«En la época que tenían lugar estas hazañas, Heracles luchó contra los llamados centauros por la razón siguiente. Folo era un centauro que del vecino monte Foloe tomó su nombre. Al ofrecer a Heracles una acogida hospitalaria, abrió una tinaja de vino que había sido enterrada. Se cuenta, en efecto, que Dionisio, en otro tiempo, había entregado esa tinaja a un centauro, con la orden de abrirla solamente cuando Heracles llegara a aquel lugar. Por ello, cuatro generaciones más tarde, al acoger a Heracles, Folo se acordó de la orden de Dionisio. Abrió, pues, la tinaja y, al esparcirse el vino, debido a su añejamiento y a su fuerza, y llegar hasta los centauros que habitaban en la vecindad, ocurrió que éstos se vieron transidos de furor.

»En esta situación, se lanzaron todos a la vez contra la morada de Folo y se pusieron a saquearla de manera terrible. Folo, espantado, se escondío, pero Heracles entabló la contienda con aquellos violentos de modo extraordinario, puesto que debía luchar contra adversarios que, por su madre, eran dioses, que tenían la rapidez propia de los caballos, la fuerza de fieras de doble cuerpo, y poseían, además, la experiencia y la inteligencia de los hombres.

»Unos centauros le atacaron con troncos de pino arrancados de con sus raíces, otros con piedras enormes, algunos con antorchas encendidas y otros con hachas como las que utilizan los sacrificios de los bueyes. Pero él resistió imperturbable y sostuvo un combate digno de los entablados anteriormente. La madre de los centauros, Néfele, les ayudó en la lucha derramando copiosa lluvia que no perjudicaba a los que tenían cuatro patas, pero que a él, que se sostenía sobre dos piernas, le hizo el suelo resbaladizo.

»Pese a ello, Heracles se hizo con la victoria de una manera asombrosa contra aquellos que se aprovechaban de tales ventajas; mató a la mayor parte de ellos y obligó a huir a los supervivientes. De los centauros que encontraron la muerte, los más famosos eran Dafnis, Argeo y Anfión, así como Hipoción, Óreo, Isoples y Melanquetes, y también Tereo, Dupón y Frixo. A continuación, cada uno de los que habían huido del peligro recibió el merecido castigo, Hómado, por ejemplo, fue muerto en Arcadia, cuando intentaba violar a Alcíone, la hermana de Euristeo. Ocurrió que, por este acto, Heracles fue especialmente admirado, porque, pese a que detestaba personalmente a su enemigo, por piedad respecto a la que era ultrajada, decidió sobresalir por su equidad.

»También ocurrió algo singular en relación al amigo de Heracles llamado Folo. Éste, en efecto, debido a su parentesco, emprendió la tarea de enterrar a los Centauros que habían caído; y mientras trataba de extraer de uno de ellos una flecha, fue herido por su punta y, al ser la herida incurable, llegó al fin de sus días. Heracles le hizo unos magníficos funerales y lo enterró al pie de un monte, que se ha convertido en un tributo a su gloria superior a una estela, puesto que, al ser llamado Fóloe, recuerda al que allí estaba sepultado por el propio nombre y no por medio de una inscripción.

De modo semejante, Heracles mató involuntariamente, con una flecha disparada por su arco, a Quirón, admirado por sus conocimientos médicos. En fin, respecto a los centauros, lo que hemos dicho es suficiente».

     
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Heracles y los centauros II --
     
   

Apolodoro. Biblioteca Mitológica
Libro II – 77
Edición: Akal clásica. Madrid, 1987
Editado por José Calderón Felices

«Como cuarto trabajo [Euristeo] le ordenó traer vivo el jabalí de Erimanto. Esta fiera asolaba la Psófide, precipitándose desde un monte que llaman Erimanto. Por tanto cruzó Fóloe y se hospedó con el centauro Folo, hijo de Sileno y de una ninfa Melíade. Éste le ofreció a Heracles carne asada mientras él tomaba carne cruda. Al pedir Heracles vino, le dijo que temía abrir la tinaja común de los Centauros. Pero Heracles le animó a que tuviera confianza y la abrió; no mucho después sintiendo el aroma llegaron los Centauros armados con piedras y abetos a la gruta de Folo.

»A los primeros que se atrevieron a entrar dentro, Anquio y Agrio, Heracles los hizo huir lanzándoles brasas, a los demás los asaeteó persiguiéndolos hasta Malea; de allí huyeron al lado de Quirón, que habiendo sido expulsado por los Lapitas del monte Pelión, se había instalado en Malea. A los Centauros, apiñados junto a él, Heracles les disparó dardos y uno, atravesando el brazo de Élato, se clavó en la rodilla de Quirón. Afligido, Heracles corrió hasta él y le arrancó el proyectil, aplicándole un ungüento que le dio Quirón. Pero la herida era incurable y Quirón se retiró a su cueva, donde deseaba morir sin lograrlo porque era inmortal. Entonces Prometeo ofreció a Zeus hacerse inmortal en su lugar, y así logró Quirón morir.

»Los restantes Centauros huyeron cada uno por su lado; algunos llegaron al monte Malea, Éurito llegó a Fóloe y Neso al río Eveno. A los demás los acogió Poseidón en Eleusis y los ocultó en un monte. En cambio Folo sacó un dardo del cadáver y quedó admirado de que algo tan pequeño pudiese destruir a sus compañeros, que eran seres tan grandes. Pero en esto que se le resbaló el dardo de la mano y cayó sobre el pie y al punto lo mató. Y cuando Heracles regresó a Fóloe vio a Folo muerto, lo enterró y continuó con la caza del jabalí; haciéndolo salir de una espesura con gritos, lo lanzó aturdido hacia la espesa nieve y así lo apresó y se lo llevó a Micenas».

     
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Neso--
     
   

Diódoro de Sicilia. Biblioteca Histórica
Libro IV – 36
Edición: Biblioteca Clásica Gredos, Madrid 2004
Traducción de Juan José Torres Esbarranch (muy bien, por cierto)

«En su viaje, cuando llegó al río Eveno, encontró al centauro Neso, que cobraba el transporte de una orilla a otra. Éste hizo pasar primero a Deyanira y, prendido de su belleza, trató de violarla. Al llamar a su marido para que la socorriera, Heracles alcanzó con una flecha al centauro, y Neso, que entretanto intentaba unirse a la mujer, cuando estaba a punto de morir a causa de la profundidad de la herida, dijo a Deyanira que le daría un filtro para que Heracles no quisiera acercarse a ninguna otra mujer.

»Así, pues, le encargó que recogiera el semen que se había desprendido de él, que lo mezclara con aceite y con la sangre que goteaba de la punta del dardo; y que untara con ello la túnica de Heracles. Y después de dar ese consejo a Deyanira, expiró al instante. De acuerdo con las instrucciones de Neso, Deyanira recogió el semen en una vasija en la que sumergió la punta del dardo, y lo guardó a escondidas de Heracles».

     
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