El mito
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Las Gorgonas son uno de los monstruos más complejos de toda la mitología griega, pues su historia se fue haciendo cada vez más sofisticada a medida que poetas y artistas iban descubriendo nuevas posibilidades literarias, pero, en esencia, el mito es el siguiente.

     
   
Las Gorgonas --
     

Medusa (siglo VI a. C.)
Museo de Siracusa

En este antiguo bajo relieve podemos apreciar los principales rasgos de una Gorgona: serpientes en la cabeza, mirada penetrante, largos colmillos, alas de oro, manos poderosas y el cuello protegido por una armadura.

 

Las 3 Gorgonas (Esteno, Euríale y Medusa) eran hijas de dos divinidades marinas, Forcis y Ceto. Su aspecto era bastante terrorífico: de la cabeza le crecían serpientes en vez de pelo; en su sonrisa lucían un par de afilados colmillos de jabalí; sus manos eran de bronce y sus dos alas de oro, lo que no les impedía utilizarlas para volar; y, si miraban directamente a alguien a los ojos, al momento le dejaban petrificado.

     
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Medusa---
     

Cabeza de Medusa
Caravaggio (1601)
Galería de los Uffizi (Florencia)

 

 

 

De las tres hermanas, la más famosa era Medusa, aunque era la única mortal. Vivían el extremo de Occidente, cerca del reino de los muertos, y no había mortal ni divinidad que no las tuviera temor. El único dios que se atrevió a amarlas fue el rey del mar, Poseidón, que se acostó con Medusa y la dejó embarazada.

De hecho, hay una variante más tardía del mito en la que atribuyen precisamente a este amorío la transformación de Medusa. Según esta versión, Poseidón se acostó con una muchacha muy hermosa que se llamaba Medusa en el templo de Atenea y, cuando la diosa se dio cuenta, transformó a la infeliz joven en el horrendo monstruo con melena de serpientes.

En lo que sí coinciden todas las versiones es en el final de la única gorgona mortal a manos del gran héroe Perseo, hijo de Zeus y de una mujer de una belleza irresistible, Danae.

     
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Perseo---
     

Dánae
Klimt (1908)
Col. Privada. (Graz)

Acrisio, rey de Argos, encerró a su hija Dánae dentro de una torre de piedra y no dejaba entrar a nadie, pues un oráculo le había profetizado que su nieto le mataría. Sin embargo, un día Zeus la descubrió y prendado de su belleza se transformó en lluvia dorada para llegar hasta ella. De aquella unión, nació Perseo.

 

Por razones diversas, madre e hijo han tenido que huir de su Argos natal y se han refugiado en la isla de Sefiros, donde reina Polidectes. Como tantos otros, el rey se enamora perdidamente de Dánae, pero Perseo la defiende de cualquiera que intente obtenerla con violencia, por lo que Polidectes trama un plan para alejar al muchacho de su madre.

Durante una copiosa comida a la que están invitados muchos príncipes, pregunta qué regalo le querrían ofrecer sus amigos. Todos dicen que el mejor obsequio para un rey es un caballo, pero al insensato Perseo no se le ocurre otra cosa que prometer la mismísima cabeza de Medusa si fuera necesario. A la mañana siguiente, el rey le recuerda su compromiso y a Perseo no le queda más remedio que salir en busca de la feroz criatura bajo la amenaza de que Polidectes viole a su madre si no cumple su palabra.

Según otra versión, estos regalos estaban destinados a su amada Hipodamia, pero en esencia es lo mismo: Perseo debe ir en busca de Medusa por una intempestiva promesa hecha bajo engaño al rey.

     
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Las Grayas --
     

Hermes y Atenea armando a Perseo
Bordono Paris (c. 1550)

 

Pero no todo está perdido pues los dioses sonríen al atrevido joven y acuden en su ayuda. Aconsejado por Atenea y Hermes, Perseo se dirige primero al lugar donde habitan las tres Grayas, que también eran hijas de Forcis y Ceto. Las Grayas eran tres mujeres que ya habían nacido ancianas y se llamaban Enio, Penfredo y Dino. Entre todas tan solo contaban con un solo ojo y un solo diente, que se iban rotando.

Aprovechando un descuido mientras intercambiaban el ojo, Perseo consigue arrebatárselo junto con el diente y no se los devuelve hasta que le indican dónde habitaban las Gorgonas. A las desdentadas hermanas no les queda más remedio que aceptar y le conducen hasta donde viven unas extrañas “ninfas” que le dan varios objetos mágicos: unas sandalias aladas, una alforja y el yelmo de Hades, que volvía invisible a quien se lo ponía. Para terminar de armarse, Hermes le regaló una afilada hoz de acero.

     
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La muerte de Medusa --
     

El nacimiento de Pegaso y Crisaor
Edward Burne Jones (1885).
Southampton City Art Gallery

 

Así preparado, Perseo echa a volar hasta la guarida de las Gorgonas, en los confines del mundo, donde las encuentra dormidas. Sabe que de las tres solo una es mortal, así que, mientras Atenea sostiene delante de Medusa un escudo de bronce tan pulido que reflejaba su feroz mirada, Perseo aprovecha para cercenarle la cabeza con la hoz de Hermes. De la herida salieron entonces los dos hijos que la terrible criatura había concebido con Poseidón: el caballo alado Pegaso y el gigante Crisaor, que nació blandiendo una espada de oro.

Perseo guardó la cabeza en la mágica alforja y, protegido por la invisibilidad que le proporcionaba el yelmo de Hades, escapó antes de que las dos hermanas de Medusa pudieran atraparle. Tras diversas peripecias, Perseo consiguió regresar y la diosa Atenea se hizo cargo de la cabeza de Medusa colocándola en el centro de su escudo. Triste final para la pobre Gorgona, que, en el fondo, tampoco es que le hubiera hecho daño a nadie. ¿No? (Aunque, según Ovidio, andaba petrificando a cuanta criatura se acercaba por donde vivía)

Perseo huye de las dos hermanas de Medusa.

Vaso griego.
Hacia el siglo VI a. C.

 

     
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La descendencia de Medusa --
     

Heracles contra Gerión
Ánfora griega ateniense,
(hacia el siglo VI a. C.).
Museo del Louvre. París.

 

Los 2 hijos de Medusa y Neptuno anduvieron por caminos separados. De Crisaor, que significaría algo así como “el hombre de la espada de oro”, apenas nos han llegado noticias relevantes. Su único papel destacado fue el haber sido padre de dos grandes bestias: Gerión, un gigante con tres cuerpos, y Equidna, un monstruo mitad mujer, mitad serpiente.

A Pegaso, en cambio, sí que le pasaron más aventuras, sobre todo en compañía del héroe Bellerofonte, nieto de Sísifo. Con él por jinete, se enfrentaron victoriosos a la Quimera y las Amazonas. Tras la muerte de Bellerofonte, castigado por Zeús cuando intentaba alcanzar el Olimpo a lomos de Pegaso, volvió a subir al Olimpo y terminó siendo convertido en constelación.

     
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Epílogo--
     

La Batalla de Assio.
Mosaico de Pompeya (hacia el siglo II a. C.).
Museo Arqueológico de Nápoles.

Obsérvese la cabeza de Medusa que luce Alejandro Magno en su coraza.

+ información en la página de Ana María Vázquez

 

Curiosamente, con el tiempo la figura de Medusa se convirtió en un amuleto que traía suerte y ahuyentaba a los enemigos. Así, por ejemplo, además de decorar los escudos de los guerreros, era frecuente por todo el Mediterráneo romano colocar la cabeza del desdichado monstruo en mosaicos, vasijas, estatuillas que colgaban de las casas, etcétera.

Mosaico romano
(Museo de Sousse, Túnez)

     
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