Los hijos del mar  

 

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Astros y vientos Cronos: la titantomaquia
Prometeo
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Háblame del mar marinero... -
     

trirreme

Reconstrucción actual de una trirreme (Olympia)

Los antiguos navíos griegos contaban con velas, pero se impulsaban sobre todo por el esfuerzo de los remeros, dispuestos verticamente en 1, 2, 3, o quizá más, hileras. Según las hileras, el barco podía ser birreme (2), trirreme (3), etcétera. Estas embarcaciones, muy bajas, eran perfectas para el tranquilo mar Mediterráneo.

 

Como vimos, uno de los primeros hijos de Gea fue el dios del mar, Ponto, deidad antiquísima de la que provienen todas las siguientes deidades marinas. Pero antes de zambullirnos en su descendencia, recordemos que los griegos eran sobre todo un pueblo marino. Antes que agricultores o ganadores, los griegos fueron pescadores, comerciantes y, en tiempos de escasez, piratas. Durante siglos no tuvieron rival en el Mediterráneo. Sus trirremes surcaban tranquilamente las aguas desde Egipto hasta las Columnas de Heracles (el estrecho de Gibraltar) sin que nada, salvo los dioses, detuviera su rumbo mientras transportaban metales preciosos, cerámicas de lujo, vino, esclavos, trigo, caballos o colonos para fundar ciudades comerciales por doquier. A bordo de sus naves, los griegos podían llegar allí donde quisieran, de hecho, es probable que alcanzaran incluso las costas británicas, y, desde luego, resultaba mucho más cómodo comerciar de ciudad en ciudad navegando que caminando por el Peloponeso, una tierra donde las montañas se levantan imponentes para separar a los pueblos hermanos.

mapa de Grecia

En la antigua Grecia, las comunicaciones por mar resultaban más sencillas que por la montañosa tierra firme

Teniendo esto en cuenta, ahora podemos comprender por qué la descendencia del viejo Ponto acabará siendo tan numerosa o por qué el periplo de Odiseo transcurre de costa a costa. Al igual que en la actualidad nos aprendemos el nombre de las calles y plazas de nuestra ciudad, los marinos griegos reconocían cada tramo del litoral mediterráneo, cada cala donde desembarcar a comerciar o saquear, cada pequeña isla de las puntas de tierra firme que constituyen las Cícladas… Y tras este hiperbólico prólogo, veamos ahora cuáles fueron los hijos de Ponto.

     
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Ponto y las Nereidas -
     

Tetis

Tetis con unos delfines

Plato ático
Siglo VI a. C.
Museum of Fine Arts, Boston

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Tetis

Iris, diosa del Arco Iris (detalle)

John Atkinson Grimshaw

1886

 

 

Primero, Ponto se acostó con su madre, Gea, y engendraron a Nereo, el mayor de sus hijos y también el más infalible y benévolo. Luego, juntos tuvieron al enorme Taumante, al arrogante Forcis, a Ceto y a Euribia.

Nereo

Nereo
Ánfora ática (c. 490 a. C.). Harvard University Art Museums

Mientras tanto, Nereo se unió con Doris, una hija del titán Océano, y de tan acuática coyunda nacieron cincuenta hermosas diosas que se conocen genéricamente como las Nereidas. No mencionaré aquí sus cincuenta nombres, a Hesíodo me remito, pero sí algunos de ellos para comprender su naturaleza; así, entre las Nereidas se encuentran Eulímene (La de buen puerto), Nesea (La isleña), Eupompa (De feliz viaje), Cimótoa (De rápidas olas) y una muy especial, de etimología oscura, que es Tetis, madre del futuro gran héroe Aquiles, y a la cual no debemos confundir con la titánida homónima.

nereida

Nereida a lomos de un caballo de mar
Mosaico de la "Casa de los mosaicos" (c. 370 a. C.).
Eretria, Grecia

Taumante, a su vez, se unió con una hija de Océano llamada Electra y tuvieron una singular descendencia. La primera en nacer fue la veloz Iris, señora del arcoiris, a la que acuden los dioses cuando deben enviar un mensaje. Y tras ella nacieron las Arpías de hermosos cabellos: Aelo y Ocípeta. Estas dos hermanas tenían alas y, al parecer, raptaban las almas de los niños. Por orden de los dioses, se encargaron de castigar al rey Fineo, que gracias a sus dotes adivinatorias andaba revelando más secretos de lo permitido. Cada vez que el pobre rey intentaba comer o beber, las Arpías le molestaban con todo tipo de porquerías.

Fineo es incordiado por las arpías

Fineo y las Arpías
Hydria-kalpis ático (siglo V a. C.)
J. Paul Getty Museum, Malibu
En algunas tradiciones se decía que las Arpías eran tres

     
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¡Qué niños tan guapos! -
     

Medusa

La Gorgona Medusa

Si quieres saber qué le sucedió a la terrible Medusa puedes consultar la web:

Medusa y las Gorgonas

 

Cerbero

Heracles lucha contra Cerberos

 

 

 

 

 

 

 

 

Esfinge

La Esfinge

Ánfora ateniense
Siglo V a. C.
Museum of Fine Arts Boston

 

 

Pero, si de Nereo provienen tan magníficas diosas, no ocurrió lo mismo con la descendencia de sus hermanos Forcis y Ceto, ya que en su linaje se encuentran algunos de los seres más terribles y monstruosos que jamás imaginó mente humana.

Primero tuvieron a las Grayas, tres diosas que nacieron ya ancianas. Entre todas tan solo contaban con un solo ojo y un solo diente, que se iban rotando. Luego a Penfredo, a Enío y más tarde a las tres Gorgonas, cuya sola mirada convertía a los mortales en piedra.

Las Gorgonas tenían serpientes en vez de pelo en la cabeza y lucían dos enormes colmillos de jabalí en su aterradora sonrisa; sin embargo, estos detalles no le impidieron a Poseidón acostarse con una de ellas, Medusa, y dejarla embarazada de dos formidables criaturas: el gigante Crisaor y el caballo alado Pegaso. Tiempo después, Crisaor se unió con Calírroe, una hija de Océano, y tuvieron un hijo espantoso: un gigante enorme de tres cabezas al que llamaron Gerión.

Además, sin padre alguno, Medusa parió en una profunda gruta a la astuta y sanguinaria Equidna, que de cintura para arriba era una ninfa preciosa de hermosas mejillas, mientras que de cintura para abajo era una serpiente enorme y jaspeada. Tifón, otra criatura espantosa al que ya conoceremos, se unió con Equidna, y tuvieron al perro Ortro (compañero de Gerión), a Cerbero, un perro feroz y despiadado de 50 cabezas que custodia la entrada del Hades, y a la Hidra de Lerna, una monstruosa serpiente de muchas cabezas que volvían a crecer cuando eran cercenadas.

La hidra de Lerna

La Hidra de Lerna lucha contra Heracles y su sobrino Iolao
Cerámica griega (siglo VI a. C.)
J. Paul Getty Museum

De la Hidra de Lerna nació la Quimera, una mala bestia que también tenía tres cabezas: una de león, como sus patas delanteras, otra de cabra, como su lomo y una tercera de dragón serpentino, como sus cuartos traseros. Con esta feroz criatura se juntó el perro Ortro, que para gustos no hay nada escrito, y se quedó embarazada de la Esfinge y del león de Nemea, pesadilla para los mortales hasta que murió a manos del poderoso Heracles.

Quimera

Quimera
Estatua en bronce etrusca. Siglo V a. C.
(actualmente en Berlín)

Finalmente, Ceto y Forcis tuvieron un último monstruo: un dragón gigantesco que custodia las manzanas de oro del jardín de las Hespérides. Y después de semejante retahíla de seres espantosos, volvamos con unas deidades más amables.

     
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VHúmeda descendencia -
     
   

Los titanes, que como recuerdas eran los hijos de Gea y Urano, no tardaron en acostarse los unos con los otros. La primera unión titánica que nos narra Hesíodo fue entre Océano y Tetis, y juntos tuvieron a los principales ríos del mundo conocido, como el Nilo, el Istro de bellas corrientes, el Gránico o el divino Escamandro, entre otros. Así mismo, también tuvieron una larga serie de hermosas hijas, como Urania, Calírroe, Dione, Pluto, Europa, Calipso y Estigia, la profunda laguna que rodea los infiernos: todas ellas llamadas genéricamente, las oceánides, en total, más de tres mil diosas imposibles de nombrar por los mortales.

Insisto en que recuerdes el nombre de Estigia. Como veremos, Zeús se enfrentó a los titanes y ella se puso del lado de este advenedizo, por lo que ganó conservar su estatus y el convertirse en el epicentro del más sagrado de los juramentos. Los dioses que juraban por la laguna Estigia estaban obligados a cumplirlo o se les castigaba con 9 años de destierro y uno más en el que caían en una especie de muerte en vida, sin poder respirar ni alimentarse, en medio de un profundo sopor. Esto de los juramentos debía de tener su importancia pues, en una sociedad sin contratos mercantiles ni notarios, un voto inquebrantable parece más que necesario ¿no?

Oceano

Mosaico romano con los grandes dioses del mar:
Poseidón, en su poderoso carro, Océano y Tetis.

     
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