El loco, la muerte, los enamorados… las cartas del Tarot siempre me han parecido fascinantes, al igual que los magos persas, los glifos mayas, los caballitos de mar, los hornos de leña, el musgo, las sirenas, las encrucijadas, los laberintos y los acertijos. Sin embargo, quizá estén desaprovechadas. Al parecer la gente tan solo las consulta para resolver pequeños asuntos cotidianos, como el devenir de un romance, la evolución de una enfermedad o el porvenir laboral. ¡Ja! Eso me parece PATÉTICO. De todos es sabido que para esos menesteres funcionan mucho mejor la lectura de higadillos de ciempiés, la aspiración de polvos de café o, incluso, el quirolegañismo astral.
Tras arduas investigaciones emprendidas un sinfín de segundos atrás, aproximadamente harán ya unos 3 ó 4 minutos, creo haber encontrado el quid de la cuestión, el meollo del asunto y la raíz del problema, así como un mechero azul, pequeño, de la marca BIC, que pensaba perdido ya irremediablemente entre los despojos y ruinas de mi mesa. El problema, como ya habrá adivinado el lector avezado (aunque no por eso menos experimentado), se encuentra en la rutina, cadena y metástasis de la imaginación, en la que han caído adivinadores y adivinandos a fuerza de emplear siempre los mismos arcanos.
Es por ello que yo, Marcóticos I, hijo de mi madre, nieto de mi abuela y merodeador habitual de la discoteca Ohm, he decidido diseñar unas nuevas cartas del Tarot acordes con los nuevos y aciagos tiempos que nos ha tocado vivir. Nace así el Neotarot de Marcóticos, que usted lo disfrute.
PD. Por el momento solo hay dos cartas, pero, más tarde que temprano, concluiré la baraja...
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Interpretación
Derecha
Efectivamente, como decía Goya en su grabado refiréndose a los que se oponían al avance de las ideas de los ilustrados franceses, el sueño de la razón produce monstruos. Esta carta es fatal. Nos anuncia el inminente letargo del menos común de todos los sentidos: el sentido común. A lo largo de la historia, esta carta nos ha vaticinado la locura colectiva que se adueña de poblaciones y naciones enteras para embarcarlas en los mares del horror y la destrucción. Amorosos padres de familia que hoy acunan a sus hijos mañana irán a la guerra donde solo les espera la muerte y la destrucción. La gente se volverá nazionalista, patriota, defensores de la fe y el honor, las personas se volverán militares… En fin, si te sale esta carta más te vale ir comprando un billete para las Islas Reunión.
Invertida
Efectivamente, como decía Goya en su grabado refiréndose a los fanáticos de la ilustración, el sueño de la razón, produce monstruos. Aunque no anticipa acontecimientos tan terribles como cuando sale derecha, el polo de esta carta tampoco resulta de buen agüero. Siglos atrás vimos en qué degeneraba el convencimiento de que la razón se debe anteponer a todas las cosas: el terror jacobino, el terror comunista, el terror nazi, los que defienden la razón de estado e, incluso, el relativismo cultural. Esta carta es el cuervo que grazna el desembarco de quienes se olvidan que toda vida presente tiene derecho a seguir con vida, incluso la de la persona más abyecta que podamos imaginar (música de fondo, Beethoven). En fin, no nos pongamos estupendos que esto me está quedando de un cursi espeluznante y resumamos diciendo que si sale esta carta invertida la situación también se anticipa complicada. El único antídoto, sexo y amor a raudales.
Carta dedicada a Alda Tacca |

Interpretación (igual derecha que izquierda)
Hacia 1482, el genial Leonardo da Vinci entró al servicio de Ludovico Sforza, máxima autoridad de la ciudad italiana de Milán. Para ganarse el sustento, entre otras labores, diseñó varias máquinas de guerras para su mecenas. Una de ellas fue este carro de combate con hoces móviles. El artefacto parecía a priori tan peligroso que Leonardo anotó bajo el boceto una advertencia: “este artefacto puede resultar tan peligroso para las propias tropas como para el enemigo”.
Y es que en la guerra hay muchas armas que se pueden volver contra nosotros. Una batalla se pierde cuando somos derrotados por el enemigo, pero también cuando nos convertimos en el enemigo, es decir, cuando adoptamos su código ético.
A lo largo de la historia encontramos varios casos de este tipo de derrotas. Uno muy significativo es el terrorismo de Estado. Si un Estado persigue a los terroristas mediante sus propias armas (secuestros, torturas, asesinatos), al final termina convirtiéndose en un terrorista, que es justo lo que pretendía combatir en un principio. Al respecto, valgan como ejemplos Estados Unidos y su manera de combatir a Al Qaeda o la manera con que Israel se defiende del terrorismo palestino.
Por una extraña razón, muchas han sido las revoluciones populares que experimentan el mismo proceso de transformación.
Revolución en la granja, escrita por George Orwel en 1945, es un ejemplo literario perfecto de este fenómeno, que se puede advertir con claridad en la revolución soviética, la maoísta, la jacobina y, en menor medida, la mexicana. En todos aquellos procesos revolucionarios, el pueblo se alzó en armas para terminar con un poder absolutista, la represión de los derechos humanos y el injusto reparto de la riqueza y los medios de producción, y al final una élite terminó ocupando los puestos de poder empleando las mismas malas artes que los defenestrados (o incluso peor en el caso de Stalin).
La advertencia de esta carta resulta, por tanto, evidente. Has de ser muy precavido contigo mismo. Ten cuidado con tus estrategias en la lucha por la supervivencia cotidiana. Quizá estés pensando cómo librarte de ese mal compañero de trabajo, tal vez en cómo resolver un conflicto familiar o la manera de reaccionar ante la faena que te acaban de hacer. Cuidado, medita tu próximo paso si no quieres paladear el amargo sabor de la derrota.
Carta dedicada a Daniel Tubau
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