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Introducción --
     

porosus

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Una hembra de cocodrilo, aguarda indolente en las plácidas aguas de un río a que una presa se acerque a la orilla. En superficie solo se ven sus ojos y la punta de su morro, donde se encuentran los orificios nasales que le permiten respirar sin salir apenas del agua: perfecto lugar donde camuflarse y moverse con agilidad sin soportar la pesada gravedad del medio terrestre; lo cual es de agradecer pues no le resulta tarea fácil sostener con sus pequeñas patas los 600 kilos de peso que se reparten a lo largo de sus cuatro metros de longitud.

La paciencia es una virtud fundamental para todo depredador carnívoro y en esta ocasión ha sido recompensada: una pequeña manada de cebras se aproxima a la ribera para beber agua y entre ellas se encuentra una cría que en un descuido fatal se ha separado unos metros de su madre. De pronto, la hembra de cocodrilo salta del agua impulsada por su poderosa cola y captura a la sorprendida cebra entre sus grandes mandíbulas. Con el cuello medio triturado por el fuerte mordisco, la cría termina de morir ahogada en el fondo del río.

Dada la disposición de sus afilados y cónicos colmillos, los cocodrilos no pueden masticar, pero sus dientes les sirven perfectamente para desgarrar los trozos de carne y engullirlos. Quizá alguien recuerde en estos momentos cuando de pequeño le obligaban a masticar una y otra vez para que le resultase más fácil la digestión y se pregunte cómo hará esta cocodrilo para digerir los enormes pedazos de carne que se está zampando: nada más fácil que haber ingerido previamente unas pequeñas piedras, gastrolitos que las denominan los científicos, para triturar bien el alimento en el estómago (un recurso frecuente entre aves y dinosaurios).

Saciada el hambre, la cocodrila sale del agua y se dispone a remolonear por la orilla mientras los rayos del Sol calientan su cuerpo regado por fría sangre. Indolente abre bien las fauces para que los frailecitos de los alrededores se adentren por su boca y con sus picos le limpien los dientes. Una relación simbiótica asombrosa: las aves obtienen alimento de forma cómoda y los cocodrilos una estupenda higiene bucal. 

Pero de repente suena un ruido ante el que no puede permanecer indiferente. Gracias a su fino sentido del oído escucha la aguda llamada de sus crías. Tras varias semanas incubándose al calor de la tierra y los elementos vegetales en que habían estado enterrados, las crías están rompiendo el cascarón de los huevos. Con toda la velocidad que le permiten sus torpes patas se aproxima al nido para recoger a su descendencia y llevarla hasta las seguras aguas de río. Sin embargo, un enorme cocodrilo también se ha sentido atraído por el ruido y se está aproximando peligrosamente.

Es un cocodrilo mucho mayor que ella, el macho dominante de su pequeño grupo, y durante unos instantes la cocodrila duda llena de tensión. Consciente del peligro preferiría apartarse sumisa del camino del macho, pero su instinto maternal es más fuerte y abre sus fauces cuanto puede para manifestar su intención de proteger a sus queridas crías. El macho, todo seguridad, tantea una dentellada intimidatoria pero se lleva un buen desgarrón provocado por los dientes de la hembra, mucho más agresiva de lo habitual.

Perezoso, el macho deja la demostración de poder para otra ocasión. En otro animal, quizá la herida se habría infectado pronto dada la miríada de pequeños bichos que se aprestan al festín anunciado por el olor de su sangre. Pero millones de años de evolución les han proporcionado a los cocodrilos un sistema inmunológico soberbio.

Más tranquila, la hembra irá recogiendo una a una a sus crías en su gran boca y las llevará con ella hasta el río. Dentro de unos meses algunas de ellas habrán crecido lo bastante como para valerse por sí mismas. Pero la mayoría habrá muerto víctima del sinfín de depredadores que pululan por el río.

     

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Clasificación--
     
Cuadro taxonómico

Orden Crocodilia

Familia Subfamilia

Crocodylidae

Alligatorinae
  Crocodylinae
  Tomistominae
Gavialidae  

(Si quieres, pulsa este enlace para ver un cuadro más complejo, que incluye también los géneros y las especies)

 

Los cocodrílidos (orden crocodrilia) son unos animales de una antigüedad fascinante, apenas han cambiado en los últimos 65 millones de años. ¿Y para qué iban a evolucionar, si estos primos hermanos de los dinosaurios son ya los reptiles más poderosos de la Tierra?

Groso modo, se pueden clasificar en 3 grandes grupos: cocodrilos, que en su mayoría se encuentran en Asía, África y Oceanía, aunque también hay algunas especies en América Central y del Sur; caimanes, en América; y gaviales, al norte del subcontinente indio.

mapa de distribución de los cocodrilos

Las diferencias entre unos y otros se encuentran principalmente en los morros:

cocodrilo del Nilo

Cocodrilos (Crocodylinae)

Morro más largo y el 4º diente inferior es visible cuando tiene la boca cerrada

Alligator mississippiensis

Aligátores y caimanes (Alligatorinae)

Morro más chato y el 4º diente permanece oculto

Gavial gangeticus

Gaviales (Gavialidae)

Es inconfundible por su largo y estrecho morro

     

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Como cocodrilo en el agua--
     

cocodrilo

La posición de los ojos y los orificios nasales, desplazados hacia arriba, les permite a los cocodrilios permanecer en el agua cuanto quieran.

(Foto de Oliver Bossert)

 

Aunque en tierra firme son lentos y pesados, los cocodrilos se mueven con gran agilidad en el agua. De hecho, se han adaptado de maravilla al medio acuático: impulsados por su poderosa cola pueden nadar con gran velocidad; la situación de los orificios nasales en la parte superior del morro les permite permanecer semisumergidos, camuflados con el verde río, donde casi parecen troncos vagando a la deriva; una manera de emboscarse a la que también contribuye la posición de sus ojos, desplazados hacia arriba; y, por si fuera poco, cuentan con grandes escudos óseos debajo de la piel en el cuerpo y la cola, con lo que pocos depredadores pueden atravesar semejante coraza y llegar hasta sus partes blandas.

Además, para bucear mejor, disponen de una especie de segundo paladar que pueden cerrar, lo que les permite nadar con la boca abierta sin tragar agua: una peculiaridad muy útil a la hora de despedazar las presas que arrastran hasta el fondo del río. También pueden cerrar los ojos y las fosas nasales con una membrana para evitar que les entre agua.

     

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Ñam, ñam, ñam --
     

cocodrilo saltando

Por un momento cierra los ojos e imagina que vives en el norte de Australia, hace un calor tremendo y te acercas a beber agua a un río cristalino... Pues mucho se alegraría este cocodrilo de agua salada (Crocodylus porosus), que con sus 7 metros de longitud es el mayor de todos los cocodrilos. De hecho, al año se producen muchos casos de encuentros fatales entre este coloso y humanos; lo que llevó a que fuera cazado hace unas décadas de una manera indiscriminada.

 

 

 

Los cocodrílidos son de apetitos carnívoros y, aunque no desperdician la carroña que encuentran, son unos formidables depredadores. Emplean varias técnicas para caza, todas de una comodidad propia de un anciano reptil. En general, prefieren quedarse quietos, sumergidos cerca de la orilla, esperando a que una presa se acerque a beber para abalanzarse sobre ella. Cuando están cerca realizan un único esfuerzo, medio brincando, para atraparla entre sus poderosas mandíbulas. Si consigue capturarla ya no podrá liberarse de su fuerte mordisco y será arrastrada hacia el agua para terminar de morir ahogada.

Además, capturan todo tipo de peces en el agua. Muy llamativa es la imagen de unos cocodrilos con las fauces abiertas aguardando a que un pez prácticamente se meta dentro impulsado por la corriente.

cocodrilo en el momento de capturar unos bóvidos

Un cocodrilo se lanza todo mandíbulas contra unos desprevenidos bóvidos. (Foto de la revista Nature, no sé quién es el fotógrafo)

     

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Mamá cocodrilo -
     

cria de cocodrilo saliendo del huevo

Una cría de cocodrilo saliendo del huevo, cuya cáscara pueden romper gracias a una especie de falso diente que tienen en la punta del hocico y que solo les sirve para este crucial momento de su existencia.

(Foto de Adam Britton)

 

transportando a la cría

Una madre cocodrila transportando a su cría.

(Foto de Adam Britton)

 

Como buenos reptiles, los cocodrílidos se reproducen mediante huevos (se dice que son ovíparos), que la madre entierra con mucho cuidado en la arena de las riberas donde habitan. El hecho de enterrar el nido les facilita la existencia, pues así los huevos están calientes y protegidos, con lo que se ahorran el engorro de la incubación.

De todas maneras, mientras la madre anda lejos en busca de alimento, es frecuente que todo tipo de depredadores se peguen un buen festín con los huevos que consigan desenterrar, lo cual es una fortuna pues suelen poner varios huevos cada vez (unos 50 de media), y si todas las crías potenciales consiguieran sobrevivir no quedaría bicho viviente en los ríos.

Cuando están a punto de romper el cascarón, las crías lanzan unos agudos gritos y la madre se lanza al nido a protegerlas, pues nada más nacer las crías se encuentran totalmente desvalidas y por ellas mismas no encontrarían las seguras aguas salvo de casualidad. Sin embargo, la madre las recoge con sumo cuidado en su enorme boca y las traslada hasta el agua…. Eso sí, puede que una cocodrila primeriza se ponga tan nerviosa que termine triturando a la criatura con sus afilados dientes.

     

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El Dios Cocodrilo --
     

Cocodrilo del Nilo

Los cocodrilos del Nilo miden entre 3,5 y 6 metros. En general, llevan una vida solitaria pero en ocasiones también se reúnen para capturar peces en aguas poco profundas.

 

 

 

cría de cocodrilo del Nilo saliendo del huevo

Las hembras de cocodrilo del Nilo ponen entre 16 y 80 huevos por camada en un agujero que excavan cerca de la ribera de los ríos y lagos donde viven.

Curiosamente, una madre utilizará el mismo nido durante toda su vida.

(Foto de Frans Lanting)

 

 

Entre la miríada de dioses que conforman el panteón del antiguo Egipto no podía faltar un cocodrilo. Se llamaba Sebek, Suchos que decían los griegos, y se representaba como un humano con cabeza de cocodrilo.

Era un dios antiguo que ya se adoraba entre las primeras dinastías faraónicas, y estaba asociado al Nilo. En ocasiones maligno, protegía a los muertos durante su periplo por el más allá.

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el dios shokeb

Se le adoraba en diversos lugares de Egipto, pero de todos sus santuarios el más conocido es el de El-Fayum, descrito por el gran Estrabón (siglo I), quien quedó maravillado al ver el mimo y cuidado con que trataban a un cocodrilo sagrado que vivía dentro del templo y que estaba considerado la reencarnación del mismo dios. Sin duda, el cocodrilo al que adoraban era un Crocodylus niloticus, o cocodrilo del Nilo, que se encuentra hoy día por toda África y que antaño recorría a placer las tranquilas aguas del Nilo.

shobek

Herodoto (siglo V a. C.) también nos cuenta algo sobre la relación de los antiguos egipcios con los cocodrilos:

«Para algunos egipcios los cocodrilos son sagrados, pero no para otros, que los tratan como a enemigos. Los habitantes de las regiones de Tebas y el lago Meris los consideran especialmente sagrados. En cada una de estas regiones crían, de entre todos los existentes, un cocodrilo, que es amaestrado para que se vuelva manso; les ponen colgantes de piedras engastadas y de oro en las orejas y brazaletes en las patas delanteras, les dan alimentos especiales y víctimas y, mientras viven, los rodean de los máximos cuidados posibles; y a su muerte, los embalsaman y los sepultan en féretros sagrados. Y por cierto que no se llaman cocodrilos sino champsai [transcripción del egipcio msh, «el que ha nacido del huevo»]. El nombre de cocodrilo se lo dieron los jonios, al asimilar su aspecto al de los lagartos [que en griego se denominaban krokódeilos]».

Herodoto. Libro II – 69
Traducción y notas de Carlos Schrader
Gredos, Madrid, 2000.


     

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Los gaviales--
     

Gavial

Gavialis gangeticus
En la punta del morro de los machos se encuentra una protuberancia que utilizan para producir ruidos durante el cortejo.

(Foto de John White)

 

 

craneo de gavial

Cráneo de Gavial gangeticus

 

 

 

 

Gavial

Gavialis gangeticus
No hay nada mejor que camuflarse con el entorno para comer sin ser comido.

(Foto de Belinda Wright)

 

 

El hocico largo, delgado y sembrado de pequeños y afilados dientes constituye el rasgo más característico de los gaviales, una especie inofensiva para el ser humano que estuvo a punto de extinguirse hacia 1970 por la destrucción de su hábitat, la pesca y la caza a la que eran sometidos. Aunque por fortuna hoy día se está recuperando lentamente gracias a programas de conservación en cautiverio y en la actualidad se encuentran poblaciones dispersas al norte del subcontinente indio.

Los gaviales llevan una vida prácticamente acuática, tan solo salen a tierra para desovar, lo que explica la endeblez de sus patas, tan solo aptas para nadar. Se alimentan sobre todo de peces, aunque en ocasiones también consiguen atrapar aves marinas.

gaviales

Gavialis gangeticus. Unos gaviales en la ribera de un río
(Foto de Joanna Van Gruisen)

A pesar de las dificultades que les supone salir del agua, en tierra apenas pueden desplazarse reptando, las madres ponen los huevos bastante lejos de la orilla. Quizá por la forma de su mandíbula, a diferencia de los cocodrilos, las madres gaviales no transportan en la boca a las crías recién nacidas hasta el agua, aunque permanecen a su lado protegiéndolas cuando nacen. Suelen poner unos 50 huevos por camada, y se calcula que a lo largo de los 50 años de vida media que alcanza una hembra de gavial puede llegar a poner ¡2.500! huevos. Sin embargo, en libertad tan solo el 10 por ciento de las crías consigue crecer hasta los 3 años de vida, momento en el que son ya lo bastante grandes para defenderse de casi todos los peligros.

Los gaviales son uno de los cocodrilos
más grandes, los machos pueden
alcanzar hasta 7 metros de longitud,
aunque se han encontrado restos
fósiles de más de 10 metros.

 

 

     

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Conservación--
     

Sinensis

Alligator sinensis

 

 

 

 

 

Para saber más sobre estos colosos no dejes de consultar una web formidable (en inglés, eso sí) realizada por Adam Britton un gran experto en la materia:

CROCODILIANS
Natural History & Conservation

 

Los cocodrilos pasaron el peor momento de su larga existencia durante la segunda mitad del siglo XX. Sin leyes conservacionistas que los protegieran, fueron cazados por su piel hasta casi su total exterminio. Los bolsos, cinturones y zapatos que con orgullo ostentaban los más pudientes estuvieron a punto de costar, una vez más, el aniquilamiento de una forma de vida única e irrepetible.

Por fortuna, en general, los cocodrilos siguen una estrategia reproductiva que permitió su pronta recuperación: tener muchos hijos y despreocuparse de ellos a sabiendas de que alguno sobrevivirá (las ballenas o los humanos, por ejemplo, seguimos la estrategia opuesta, tenemos muy pocos hijos y les prestamos mucha atención). De esta manera, criados en cautividad, a salvo de cualquier depredador, a los cocodrilos no les cuesta demasiado volver a alcanzar una población estable.

Sin embargo, para algunas especies, su situación actual puede resultar irreversible si no se adoptan las medidas suficientes. La lista roja de la UICN (Unión Mundial para la Naturaleza), una organización internacional dedicada a la conservación de naturaleza,  incluye 13 especies de cocodrilos entre las más amenazadas. En estado crítico se encuentran el aligator de China (Alligator sinensis), el cocodrilo del Orinoco (Crocdylus intermedius), el cocodrilo de Siam (Crocodylus siamensis) y el cocodrilo de Filipinas (Crocodylus mindorensis).

     

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