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novedóticas: Quirón y los centauros |
web log de marcóticos octubre de 2005 |
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marcóticos |
Desde el purgatorio |
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Hoy es el segundo día en que no trabajo una media de16 horas desde hace ya una eternidad, más o menos desde que dejé de actualizar el log. Sería formidable poder decir que esta ausencia ha servido de algo, pero semejante estupidez laboral tan solo te genera un inmenso vacío creativo e intelectual. Por lo menos, la historia del riñón puede que empiece a mejorar: ya he terminado de donar todo tipo de fluidos a la ciencia y es de esperar que los médicos vean en ellos algo más que la mera inmundicia que para mí representan. Pero vale ya de lamentarse porque durante mi letargo ha sucedido algo realmente formidable, por fin Leafar ha realizado su log y es estupendo, una selección de sus mejores fotografías acompañadas por acertados comentarios. Lo podéis visitar en: http://www.leafar.net
Por cierto, la página se llama Titania, aunque la web recibe el nombre de Leafar, pseudónimo de R. Je, je, je... alguien está descubriendo el encanto de la confusión que genera cambiar de nombre. Nombres Hablando de cambiar de nombre, me parece una sosería que en Occidente debamos aguantar con un solo nombre para toda la vida; además, este nombre no lo elegimos personalmente sino que nos vemos obligados a delegar tan importante tarea en unas personas, nuestros progenitores, que en el momento en que nacemos ni siquiera nos conocen. Leo en un libro que me ha encantado, Los Cheyenes de John H. Moore (publicado en Ariel), que en este pueblo indio, como en tantos de América del Norte, las personas cambiaban de nombre cada dos por tres: cuando se hacían jóvenes, cuando entraban en una sociedad militar, cuando realizaban alguna gran hazaña. De esta forma, por ejemplo, yo me podría llamar ahora: El gordito que conseguirá adelgazar a pesar de que coyote tuerto le ha echado una maldición; lo cual, evidentemente, tiene mucho más glamour que Marcóticos.
SOY LA SOMBRA DE MÍ MISMO PERO... |
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Control Z |
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Las decisiones trascendentales son algo que me suele producir bastante angustia. Mi esperanza es que algún día los científicos dejen de perder el tiempo en buscar partículas tan pequeñas que no valen para nada y se centren en inventar un control Z vital. Así, cada vez que uno debe tomar una decisión importante puede hacerlo con tranquilidad. Que resulta que te equivocas, no hay problema. Control Zvital y a echar andar por otras veredas. Sin embargo tan maravilloso invento parece hoy día lejos de nuestro alcance; y no sólo por la obsesión de la ciencia por investigar cosas inútiles, sino por las implicaciones temporales que conlleva Control Zvital, ya que hasta el momento parece imposible retroceder en el tiempo (no así avanzar, para lo cual basta algo tan sencillo como viajar a mayor velocidad que la luz). Otra posibilidad sería construir un simulador de experiencias, un ordenador que pudiera calcular con absoluta precisión las consecuencias de determinado acto. Pero en el mejor de los casos, aunque fuera capaz de sopesar millones de variables, no sería más que un ejercicio probabilístico pues los acontecimientos humanos tienden a ser de una complejidad infinita por causa del azar. Así las cosas, parece que no me queda más remedio que fiarme de mi intuición, al igual que hacen escarabajos y camaleones, y dejar que una pequeña pista me indique cuál es el camino correcto. |
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Ondina |
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Y no puedo terminar este día en que de nuevo me digitalizo sin recomendaros un log recién nacido: Las mareas de la memoria Y lo podéis visitar en: http://www.nataliatubau.blogspot.com |
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Un paraíso infernal |
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Hoy hablaba con Daniel por teléfono, un artefacto que me suele producir cierta aversión, y nos preguntábamos qué gente va en realidad al cielo y cuál al infierno. Según Dani, al averno marchan las personas realmente malvadas, como Gengis Khan o Hitler, mientras que las buenas van al cielo aunque sean profundamente ateas o no hayan seguido en vida los preceptos de la santa iglesia apostólica romana. Dado que ninguno de los dos se caracteriza por su ciega fe en dios ninguno, se nos podría tildar quizá de oportunistas; sin embargo, la premisa cuenta con más fundamento del que podría parecer de un primer vistazo. Por una extraña razón, en el mundo Occidental los católicos más fervientes han protagonizado un sinfín de maldades. De hecho, pocos Papas han seguido que yo sepa las enseñanzas de Cristo. Si yo fuera Dios, además de resolver mi ligera alopecia, y tuviera que escoger entre los malvados Borgia y el bueno de Bertrand Russell no tendría duda alguna sobre quién debería ir al Paraíso. Claro que también podría ocurrir que Dios prefiriese a un tipo que, aún siendo malvado, le adora sobre todas las cosas, a otro que rezuma bondad pero que siempre dudó de su existencia. En ese caso, no sé si me apetecería demasiado pasar toda mi eternidad a la vera de semejante tirano alelado. Todo dependería de la temperatura ambiental del infierno (me desagrada el calor). |
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