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| — Desobediencia militar | |
[1] Mensaje enviado por Marcos el 16 de febrero de 2004 Empezamos con un dilema que me surgió viendo una película maravillosa de Stanley Kubrick, Teléfono rojo volamos hacia Moscú (1964). La película es una crítica feroz a la carrera de armamentos y la tensión militar de la guerra fría. Un general estadounidense se vuelve loco, convencido de que los rusos comunistas están envenenando el agua para debilitarles, y sin consultar a nadie envía una flotilla de aviones para que bombardeen la URSS. Tal y como funcionan los planes de emergencia bélica que han establecido, una vez dada la orden resulta muy difícil que los aviones vuelvan a la base. De seguir con su misión puede ocurrir un desastre total pues los soviéticos han desarrollado un arma definitiva que responderá automáticamente a cualquier ataque. El problema es el siguiente. En una democracia, ¿deben los militares obedecer cualquier orden de la máxima autoridad civil, aunque sea moralmente reprobable? Pongamos un caso real. Hace unas semanas el psicópata que nos gobierna, José María Aznar, envío un par de fragatas para que ayudaran militarmente a uno de los grandes carniceros de África, el presidente de Guinea Ecuatorial, Obiang. Por fortuna, alguien filtró el asunto a la prensa, quizá alguno de los militares implicados, y, como estamos muy cerca de las elecciones, el psicópata rectificó y las fragatas regresaron sin que los soldados asesinaran a ningún opositor del carnicero por el que simpatiza Aznar. Ahora imaginemos que nos encontramos en uno de esos navíos y que nos han ordenado guardar silencio pero que, a pesar de ser militar, la misión nos ha causado tanta repugnancia que la hemos hecho pública o que, sencillamente, si la prensa no hubiera detenido semejante barbarie, nos hubiéramos declarado en rebeldía y nos hubiéramos negado a cumplir la orden (como podrían haber decidido los soldados españoles que están colaborando en la ocupación militar que está devastando Irak). En ese caso, ¿deberíamos ser castigados y expulsados del ejército por haber desobedecido? Claro que, a priori, resulta fácil pensar que los soldados desobedientes han actuado correctamente pues, menos a Aznar, a la gente nos suele parecer reprobable la dictadura sangrienta de Obiang pero ¿qué pasa si los militares comienzan a decidir qué es lo correcto y lo que no? [2] Mensaje enviado por Leafar el 17 de febrero de 2004 mmfilesi, la casualidad me ha echo llegar a tu página, ante las cuestiones que planteas, se me ocurren otras nuevas ¿quien debe pensar y quien no?, por qué solo te entra la duda con los militares. En un estado de jerarquias, como el actual, todos deben de obedecer a sus superiores, sino esto sería una anarquia y un caos. ¿Qué pasaría si a mi, mi jefe, me dijera que hiciera una cosa, y no la hiciera?¿quién tiene que pensar, él o yo?¿cual es su tarea?¿Cual es mi obligación? No se cual es la respuesta a todas estas preguntas, pero tu quizas, que has planteado la primera cuestión, la hayas ya meditado, con lo cual tal vez sería oportuno que dieras una respuesta. hasta otro día... [3] Mensaje enviado por Marcos 17 de febrero de 2004 Bueno, la verdad es que tu respuesta plantea tantas cosas que no sé ni por dónde empezar. Antes que nada me gustaría aclarar que no me refería al derecho a pensar, el cual me parece fundamental para todos los seres humanos, sino al derecho a desobedecer. En teoría, en la sociedad en la que vivimos todos deberíamos poder recurrir a la desobediencia cuando nos pareciera oportuno y, precisamente, para que esto no sea un caos, se regula cómo hacerlo mediante nuestro derecho a ir a la huelga. En cualquier caso, las consecuencias de la desobediencia civil no tienen porqué ser particularmente graves ni repercutir en el resto de la sociedad. Sin embargo, en el caso concreto de los militares, su desobediencia se suele traducir en golpes de Estado, matanzas y dictaduras. Si yo paso de lo que me diga mi jefe, me despide y ya está. Si alguien armado decide cuándo y cómo emplear sus herramientas de trabajo, las consecuencias pueden ser bastante más graves… Por otro lado, quizá podríamos preguntarnos si realmente es necesario trabajar de forma jerárquica. No sé. Aunque tal vez sea una ingenuidad, creo que se puede trabajar de manera más o menos consensuada… ¿o no? Gracias por el correo y hasta otro día. [4] Mensaje enviado por Ana el 29 de febrero En cuanto a lo que comentas sobre si un militar puede decidir qué es correcto y qué no, creo que uno de los logros de El tribunal de Justicia internacional es que ha invalidado eso que los militares llaman “desobediencia debida”. El problema que tenía el tribunal a la hora de ajusticiar a las personas que cometían genocidio es que se alegaba que recibían órdenes, de esta forma no había manera de culpabilizar a nadie. Se supone que un soldado puede decir NO si le ordenan matar a los habitantes de un pueblo. No sé cómo se aplica la ley en la práctica, pero esto es un paso. [4] Mensaje enviado por Marcos el 6 de marzo Esto que planteas parece la respuesta definitiva, De hecho, siguiendo la filosofía de Daniel de que si uno no hace las cosas mal, ya hay dos malvados menos en el mundo, la “desobediencia debida” nos podría llevar a un mundo sin guerras. De hecho, una de las consecuencias que podría tener esta ley es que los soldados se lo pensaran dos veces antes de cometer sus vandalismos habituales. Sin embargo, esta ley también tiene sus problemas. Imagínate que el Estado dictamina que el ejército debe ir a Marruecos a ayudar a las víctimas de un terremoto y que los soldados se niegan alegando desobediencia debida argumentando que son más necesarios para otras tareas… En fin, lo que pretendo decir es que la desobediencia debida solo mola cuando lo que no se acata es aquello que nos resulta repulsivo según nuestros principios éticos, pero ¿qué pasa cuando desobedecen nuestras premisas morales, como la democracia? [5] Mensaje enviado por Daniel el 3 de marzo El lenguaje de este apartado, como dice Walter Ego, es tal lvez un poquito tendencioso, lo que hace que las ideas lo parezcan también, a pesar de que, en mi opinión, no lo son. Respecto a lo de la obediencia debida, en el antiguo imperio austrohúngaro se castigaba con la pena de muerte a quien desobedecía una orden, pero, al mismo tiempo, la máxima condecoración del país correspondía a quien había realizado un hecho militar memorable desobedeciendo a sus superiores. Lo cuenta Watzlawick por algún lado. Ya lo buscaré. [6] Mensaje enviado por Marcos el 6 de marzo Me temo que mi habitual tendencia para con la hipérbole me lleve a ser un poco tendencioso, aunque no sé si lo sufiente ; ). La paradoja que mencionas parece bien curiosa.
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