|
|
| — La construcción de la identidad en Internet | |
Una de las características más fascinantes de la red es su capacidad para facilitar la comunicación, lo que resulta todavía más interesante si pensamos que, además, es una comunicación anónima. Cuando estoy en un chat o en una lista de correo no sé quién es mi interlocutor ni ellos saben quién soy yo, así que puedo, podemos, parapetarnos tras el personaje que nos apetezca. Pienso, por ejemplo, en Hermético que tras Java Jenner defiende argumentos que nunca sostendría salvo en sus mejores momentos etílicos, en la dulce muchacha que suelta todo tipo de fabulosas barbaridades cuando es Belle de Jour, o en Walter Ego, una bestia en la que se camufla mi buen amigo Olla a Presión. Pero también me puedo imaginar a una mujer tímida y de escaso atractivo para los patrones occidentales que se ha inventado a un tal Marcóticos, tras cuya ficticia personalidad es capaz de mostrar sus sentimientos e inquietudes. Al igual que pienso en mi amigo Silente que apenas interviene en conversaciones pero que muestra una maravillosa locuacidad cuando escribe firmando Leafar. Entre las diversas personalidades con que juego al ajedrez en www.ajedrez21.com se encuentran Marcoticos, cuando juego partidas largas donde se antepone la educación a la competitividad (si el adversario se despista, le permito rectificar, por ejemplo), pero también Cafeína, que solo juega partidas inclementes de 1 minuto y que a la menor provocación suelta verdaderas barbaridades. Dicho de otra forma, mientras que X sentado en su silla de ruedas apenas se atrevería a entablar conversación en una discoteca, cuando está en un chat digital da rienda suelta a una elocuencia que nunca se atrevería a manifestar en analógica realidad. Como hiciera el gran poeta Pessoa con sus heterónimos, Internet nos permite expresarnos libres del pasado y de nosotros mismos a partir de una personalidad inventada, un Jeckill inocuo pero eficaz con el que esquivar a nuestros guardianes personales por lo menos durante un instante. Por otro lado, es interesante ver cómo el proceso suele ser de liberación pero nunca de contención. Es decir, por lo menos en mi entorno cercano, que es el único del que tengo alguna idea, lo que sucede es que gente tímida se desverguenza gracias a sus falsas identidades, pero todavía no conozco ningún caso de alguien locuaz y arrojado que se finja retraído en un canal digital. De todas maneras, esta construcción de identidades no sirve solo para camuflarnos, sino también para, sencillamente, divertirnos. Estar toda la vida siendo uno mismo tiene algo de monótono, pero en Internet podemos ser otras personas., Como en una obra de teatro, podemos jugar a ser extranjeros, a intercambiar nuestra identidad sexual, a fingirnos duquesas, tahúres o, incluso, zumbados magiares que se creen marcianos. En suma, es absurdo que Leafar desaparezca solo porque yo sé quién es. Sería un desperdicio abandonar un personaje que empieza a definirse y que ya forma parte irremediablemente del sinfín de criaturas que pululan por este log. PD. Desde niño, comparto con mi amigo Daniel, una fascinación irresistible por los seres metamórficos, como Proteo, de la mitología griega, quizá sea porque como dijo el poeta chino (Kungfú), nunca podrás juzgar a nadie hasta que hayas caminado 1000 pasos con sus mocasines.
|
|