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Últimos correos

 

[1] Mensaje enviado por Daniel el 3 de marzo de 2004

Querido Marcóticos:

Veo que te has decidido en tu nuevo weblog por un sistema híbrido: comentarios a los apartados pero sin que sean automáticos. Me parece muy bien, porque creo que lo automático a menudo va más en detrimento de la interactividad que a su favor. Interactúan el que envía el mensaje y la máquina y el servidor, pero a menudo no el autor, que sólo se limita a albergar esos comentarios. No te echo más rollo sobre este asunto porque pronto (es un decir que digo mucho, esto de “pronto”) lo comentaré en mi página a propósito de un texto de Walter Murch en el que habla de algo parecido. Pero creo que es bueno colocar las cosas uno mismo, como tú haces con los comentarios recibidos.

Sigues sin embargo la norma tradicional de los weblog de ordenar los días de hoy hacia atrás, así que yo te iré contando cosas también de hoy hacia atrás, lo que a veces puede resultar un poco absurdo.

Te pongo a qué sección me refiero para facilitarte la colocación del comentario en cuestión. Por cierto, ¿qué sucede si me refiero al mismo tiempo a dos o tres comentarios? ¿Lo pones tres veces? Jeje

29 de febrero

[2] Una buena solución es incrustar en el tubo de Redoxon un cristal como los de las comisarias, de tal modo que los fotones no te vean a ti pero tú sí a ellos. De este modo se evita también el efecto timidez que estas asombrosas criaturas (dicen que son muy pequeñitas) pueden experimentar al sentirse parte de un experimento. Es posible, sin embargo que incluso así, otras partículas hermanas o emparentadas logren atravesar ese cristal (que ha sido pensado para macrocriminales), interfiriendo en la vida de los fotones que hayas logrado encerrar. En tal caso, sólo puedo recomendarte que estudies la trayectoria de los susodichos al peso.

Es decir: sostienes delicadamente el frasco de Redoxon en tu mano y, cuidando de mantener la susodicha completamente inmóvil, te concentras para sentir en tus dedos el movimiento interior de los fotones. Se producirán, en efecto, pequeñas modificaciones de peso o masa o ambos, que te permitirán detectar el movimiento y la trayectoria de los antedichos fotones. Este método, de origen británico, no funciona nunca, pero es muy entretenido, mucho más que el sistema americano.

[3] Jane Birkin también me gusta mucho, y también su hija Charlotte Gainsbourg, como cantantes y como mujeres. También me gustaba mucho Gainsbourg, marido de la antedicha y padre de la susodicha. Hace unas semanas, Ana y yo intentamos ver a Jane en un concierto, pero no nos dejaron entrar en el local debido a que no teníamos entradas y además estaban agotadas (no Ana y Jane: las entradas)

[4] A pesar de existir la libertad de expresión, también hay delitos tipificados y perseguidos por la ley, como el de incitación al asesinato o a la discriminación, según creo. Y supongo que eso está bien.

26 de febrero

[1] No tengo ni la más remota idea de por qué el candidato despide al asesor. ¿Tal vez porque el asesor es un pelota? Tal vez porque el asesor le ha dicho al candidato que es “el mejor” y el candidato es una mujer?. ¿Está la pista en el relato o es que también a Luis le gustaría averiguarlo?

[2] Una foto preciosa. Me encanta. Sólo hay un detalle un poco extraño, pero quizás es un efecto de sombras o que yo lo veo mal: pareces tener dos labios. ¿Puede deberse al uso del pincel o del tampón de clonar?

23 de febrero

[1] Creo que los colegios público no deberían impartir ningún tipo de educación religiosa, a no ser historia de las religiones o algo parecido.

16 de febrero

[1] El lenguaje de este apartado, como dice Walter Ego, es tal lvez un poquito tendencioso, lo que hace que las ideas lo parezcan también, a pesar de que, en mi opinión, no lo son. Respecto a lo de la obediencia debida, en el antiguo imperio austrohúngaro se castigaba con la pena de muerte a quien desobedecía una orden, pero, al mismo tiempo, la máxima condecoración del país correspondía a quien había realizado un hecho militar memorable desobedeciendo a sus superiores. Lo cuenta Watzlawick por algún lado. Ya lo buscaré.

[3] A mí sí me gustó mucho El triunfo de la belleza. Mi novela favorita de Roth es Confesión de un asesino , pero también me encanta la leyenda del santo bebedor (y la peli protagonizada por Rutger “Nexus” Hauer). Yo también me alegro de las ediciones encantadoras de El Acantilado de autores del antiguo imperio austrohúngaro: Roth; Schnitzler, Zweig… maravillosos. Hace unos años no había nada de ellos y ahora el mercado rebosa. Fantástico.


[1R] Respuesta de Marcos

¡Dioses! Necesitaría tres semanas para responderte ; ). Vamos por partes:

[a] No he puesto un sistema automático porque no le encuentro mucho sentido, un log no es un chat, ni un foro... Volveré sobre el tema.

Pongo el último día al principio por una cuestión de funcionalidad: lo primero que se carga es lo nuevo. Si estamos a final de mes y hay varias fotos, la espera puede resultar pesada, sin embargo, de esta manera, el lector enseguida tiene información nueva. En tu caso, por ejemplo, esto es muy importante pues tienes tantas cosas que hasta que se descarga el último día pueden pasar lustros ; )

Tengo un lío de mucho cuidado con la arquitectura interactiva del sitio. No tengo nada claro si el actual sistema de comentarios es lo más apropiado. Se corre el riesgo de que algunos se pierdan, pues la gente no va a mirar los de un mes pasado y si, como ocurre con este e mail tuyo, llegan varios días más tarde … con lo cual, el atento lector debería estar consultando constantemente los días pasados para no perderse nada. Voy a intentar una cosa a ver cómo sale: poner en el log enlaces a los temas que han suscitado alguna discusión y, además, colocar en una sección fija los últimos correos y sus respectivas respuestas.

[b] Una solución fabulosa para nuestro acelerador. Pero tu temor sobre las partículas hermanas me parece del todo injustificado. Para solucionarlo, podríamos poner un portero, pero suelen ser tan desagradables que quizá sea mejor buscar otro remedio. Por ejemplo, quizá funcione colocar al lado del acelerador un receptáculo con viandas exquisitas, de tal forma que las otras partículas decidan ir allí antes que a nuestro acelerador, pero, claro, los fotones también se desviarán.

Por tanto, quizá la mejor solución sea permitir el paso a todas las partículas ¿qué problema hay en que todas convivan en el acerador?

Mucho más problemático, en cambio, me parece el conseguir que colisionen unas con otras sin orden alguno. Y, todavía más difícil de resolver, teniendo en cuenta su natural pereza, ¿cómo convencerlas para que se muevan a las altas velocidades que necesitamos?

[c] En cuanto a la libertad de expresión: El que algo esté regulado por la ley no implica, necesariamente, que sea correcto. No se vale ampararse en el código legislativo de la España del siglo XXI para dictaminar la bondad de las cosas. El problema, precisamente, radica en sopesar que pesa más, si la libertad de expresión o la incitación al delito (como el racismo)...

[d] Lo que indicas de la foto debe ser el un efecto óptico. El único maltrato digital al que sometí la foto fue virarla a un duotono. Por cierto, ¿llegaste a leer el texto de alt? (deja el cursor sobre la foto un par de segundos)

[e] Sobre Roth. Me fascinan las novelas de Roth, sobre todo Confesión de un asesino, La leyenda del santo bebedor y La leyenda del 2002. En general, me hipnotiza esa especia de fatalismo que, al igual que sucede en las epopeyas kafkianas, hace imposible los comportamientos y acontecimientos más lógicos. Sus personajes se suelen ver envueltos en unas lógicas más allá de la sensatez, que tan solo pueden ser aceptadas y obedecidas a riesgo de no encajar nunca más en la sociedad. Esa lucha titánica por adaptarse a una sociedad evidentemente injusta, esa renuncia total a tus propios principios lógicos por un mendrugo de pan, son desgarradores.

 

 

[1] Mensaje enviado por Ana el 29 de febrero

Hola Marcos, estoy feliz por tu regreso al mundo digital. Me encanta tu página. Además coincidimos en gustos, yo también me siento muy feliz con las publicaciones del Acantilado y sobre todo con Joseph Roth. Pero, a diferencia tuya, me gusta mucho El triunfo de de la belleza. Me atrevo a pensar por qué no te gusta, supongo que pensarás que es una novela misoginia y la verdad es que la última página de la novela es durí­sima y por un momento también pensé que Joseph Roth odiaba a las mujeres. Pero quizás el problema es que confundimos las palabras del narrador-médico con el pensamiento de Roth y no tendría por qué ser así.   También nos puede suceder que tanto tú como yo tengamos una tendencia a la discriminación positiva, es decir, defendemos a los grupos de personas que se suponen están discriminados como las mujeres. Pero la verdad es que el comportamiento de la mujer es terrible, mucho más terrible que las palabras finales del médico.

En cuanto a lo que comentas sobre si un militar puede decidir qué es correcto y qué no, creo que uno de los logros de El tribunal de Justicia internacional es que ha invalidado eso que los militares llaman “desobediencia  debida”. El problema que tení­a el tribunal a la hora de ajusticiar a las personas que cometían genocidio es que se alegaba que recibían órdenes, de esta forma no habí­a manera de culpabilizar a nadie. Se supone que un soldado puede decir NO si le ordenan matar a los habitantes de un pueblo. No sé cómo se aplica la ley en la práctica, pero esto es un paso.

 

[a] Dices tantas cosas que me iré poco a poco  

[b] Me gustan mucho los libros que editan Narrativas del Acantilado. Hace poco, por primera vez en mi vida les escribí a una editorial (La Factoría de Ideas) por lo pésimo de una traducción. Después de leerme un par de novelas cuya legibilidad rozaba lo épico, no sé si volveré a comprarme algún libro de la editorial (lo cual, todo sea dicho, es una putada pues se dedica al inhabitual género de la ciencia ficción). Sin embargo, con estos del Acantilado me pasa todo lo contrario. Aunque no conozca el autor/a me compro el libro sin dudar por las gratas experiencias que me han proporcionado hasta el momento. Es decir, en Narrativas todo está tan cuidado, desde la traducción, a la selección de autores o el diseño, que puedes confiar en ellos. Y esto no es baladí. Como sabes, los libros que podemos leer a lo largo de nuestra vida es muy limitado y, por lo tanto, leer un mal libro es una pérdida de tiempo imperdonable. En fin, vaya desde aquí un profundo agradecimiento para con las editoriales que nos han ayudado a disfrutar de la literatura.  

[c]Totalmente de acuerdo. Creo que, efectivamente, El triunfo de de la belleza me resultó demasiado misógino en primera instancia como para pensar que era mi visión del relato la que me estaba molestando. Sin embargo, todo hay que decirlo, me temo que Roth tenía cierta tendencia a reducir los intereses femeninos en una terrible cuestión de poder y seducción. Quizá, como dices, confundimos las palabras del narrador con su pensamiento, pero, también es cierto que algo de su pensamiento debían de llevar. Pongamos un ejemplo, a lo mejor alguien que se define como no racista está constantemente contando chistes donde los negros aparecen como imbéciles. Quizá peco de algo, pero no me parecen graciosos ese tipo de chistes, al igual que no me hacen ni pizca de gracia los chistes machistas, y creo que en el fondo quien los cuenta, en cierta medida, muy en el fondo, no está del todo en desacuerdo con los lugares comunes del chiste (las mujeres son unas brujas, los negros no son capaces de nada, etcétera).  

Pero es que, en el caso concreto del cuento que nos atañe, me temo que Roth no estaba describiendo la visión del médico, o la de un europeo acomodado de la época, sino la suya propia, pues, sospecho, que, si hubiera pretendido describir el modo de pensar de un personaje, habría profundizado mucho más en él. Es decir, apenas conocemos nada del médico, que sólo sirve como narrador de la historia, y, por tanto, cualquier cosa que digamos de él –por ejemplo, lo que piensa sobre las mujeres- será totalmente superficial. Su única función es la de contarnos una historia, y no la de ser objeto de análisis sobre el pensamiento masculino… No sé si me explico.  

En cualquier caso, si no me gustó el cuento, además de por discordancias éticas, fue porque se me quedó corto. Es como cuando lees el argumento o la sinopsis de una película que te parece maravillosa, pero luego el guión o el desarrollo no cumplen las expectativas. A priori, la historia promete: un joven elegante y de buena familia se enamora de una mujer hermosa y vacía que, tras ser descubierta en mil aventuras extramatrimoniales, se finge enferma para no ser abandonada. Sin embargo, al contrario que en otras obras suyas, Roth apenas profundiza en los personajes y se limita a contarnos un arquetipo de forma superficial. ¿Qué siente o piensa la mujer? ¿Por qué se arroja de hombre en hombre? ¿Qué está buscando, si que busca algo? ¿Por qué no pasa definitivamente del pavisoso de su marido y se lanza a las fiestas y los ligoteos, que al parecer son su principal interés?   En suma, el cuento me parece más una rabieta infantil, fruto de vete a saber qué despechos, que un ejercicio literario propio del autor de La leyenda del santo bebedor.  

[d] Hace un par de meses, mientras comía con un amigo aventuré un par de comentarios acerca de la ministra de exteriores y mi amigo me respondió algo así como: “Igual es imbécil, pero por principio nunca critico a una mujer que desempeña un puesto de responsabilidad política”.   Efectivamente, dudo mucho que la gente o los medios de comunicación se ensañasen tanto con la ministra si fuera hombre. Tal vez, al igual que sucede con Chaves, pensarían que sus dificultades para con el habla son fruto de educaciones culturales antes que de limitaciones intelectuales. Sin embargo, yo creo que alguien que defiende la guerra o es un cretino o es un cabrón sea lo que sea lo que se encuentra entre sus piernas (perdón por la maldidicencia, Dani ;), por cierto, maravilloso el texto). De todas maneras, al igual que te debe pasar a ti, uno no puede evitar sentirse más próximo a los oprimidos. La dificultad, de hecho, está en analizar objetivamente los hechos y los dichos independientemente del sujeto. Si una pobre campesina colombiana, oprimida por el Estado, los narcos, la guerrilla y su marido decide perdonar la violación de su hija porque las mujeres han nacido para sufrir, es igual de terrible que cuando un juez perdona a un violador porque la víctima vestía minifalda, aunque este último viva en un paraíso en la Tierra.  

De todas maneras, no lo tengo tan claro como podría parecer por las últimas líneas. Quizá no sea tan descabellado que, en algunos asuntos, y por lo menos hasta que la situación se equipare, mantengamos, con prudencia, cierta discriminación positiva. En cuanto a las mujeres, me temo que hay tanto que contrarrestar, tanto que poner en el otro platillo de la balanza, que tampoco está de más que carguemos las tintas…    

[e] Sobre la desobediencia debida. Esto que planteas parece la respuesta definitiva, De hecho, siguiendo la filosofía de Daniel de que si uno no hace las cosas mal, ya hay dos malvados menos en el mundo, la “desobediencia debida” nos podría llevar a un mundo sin guerras. De hecho, una de las consecuencias que podría tener esta ley es que los soldados se lo pensaran dos veces antes de cometer sus vandalismos habituales. Sin embargo, esta ley también tiene sus problemas. Imagínate que el Estado dictamina que el ejército debe ir a Marruecos a ayudar a las víctimas de un terremoto y que los soldados se niegan alegando desobediencia debida argumentando que son más necesarios para otras tareas…  

En fin, lo que pretendo decir es que la desobediencia debida quizá solo mola cuando lo que no se acata es aquello que nos resulta repulsivo según nuestros principios éticos, pero qué pasa cuando desobedecen nuestras premisas morales.