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Incompetencia militar II | |||||||||||
Como bien señalaba Tocapelotas hace unos días, uno de los aspectos más interesantes del análisis de Dixon sobre la incompetencia militar se encuentra cuando lo extrapolamos al ámbito laboral. En mayor o menor medida, muchas de las razones por las que Dixon explica los desatinos de los generales parecen perfectamente aplicables a muchos mandos empresariales, sobre todo cuando las empresas son pequeñas o medianas y están sometidas a un fuerte autoritarismo. Veamos un caso en el que pondré como ejemplo la última empresa en la que trabajé, llamémosla Empresa Ejemplar, la cual se encontraba bien situada hace un par de años en el mercado del quiosco y el coleccionable. Al igual que el general Freyberg disponía aguerridos y numerosos soldados, Empresa Ejemplar contaba con una plantilla de unos 20 a 30 trabajadores organizados de forma muy jerárquica. En la cúspide se encontraba el dueño de la empresa –una persona muy autoritaria y egocéntrica–; luego seguían unos 3 directivos (el equivalente al Estado Mayor, llamémosles coroneles); seguían los directores de departamento (los capitanes) y finalmente el resto de los soldados. A priori, tanto por la capacidad de los trabajadores como por los contactos comerciales, esta empresa debería haber obtenido grandes resultados económicos; sin embargo, en apenas dos años la crisis fue de tal magnitud que terminó por cerrar. ¿Qué ocurrió? ¿Cómo fue posible que los nazis tomaran Creta? Aparte de menudencias de mercado, la debacle empresarial fue sobre todo resultado de los desatinos del general. Un conjunto de decisiones erróneas, o indecisiones aún peores, sobre los productos que había que lanzar o la manera de resolver los problemas de organización inherentes a cualquier empresa condujeron a que todos los trabajadores terminaran en la calle. Veamos unas cuantas coincidencias entre ambos casos. a) En un claro caso de disonancia cognoscitiva, Freyberg no prestó atención a los informes que avisaban del desembarco aéreo de los nazis pues contradecían su teoría de que iba a ser por mar. Por mucho dinero que se estuviera perdiendo en la gama de productos que decidió sacar el general de la Empresa Ejemplar, tampoco hizo caso, pues entonces debería haberse reconocido a sí mismo el error de partida. b) Los cuadros medios –el estado mayor– asistieron en silencio al ejercicio de desatinos temerosos de contradecir al general. Cuenta Dixon la anécdota de un almirante que ordenó una maniobra estúpida. Como nadie se atrevía a contradecirle, la ejecutaron y dos navíos se fueron a pique. Lo mismo sucedía en esta empresa, era tal el miedo que generaba el general Ejemplar que a nadie se le pasaba por la cabeza hacerle ver el resultado de sus errores. Es decir, el autoritarismo solo provoca desastres pues siempre te deja en manos de la capacidad de una sola persona. c) Hasta la segunda guerra mundial, los oficiales del ejército inglés solían provenir de las clases más pudientes de la sociedad antes que de la selección natural de ascensos entre la tropa. En muchas empresas pequeñas y medianas españolas, los puestos directivos suelen asignarse entre los afines de la red de parentela del dueño. Al disponerse los cuadros en función de la consanguinidad antes que por la capacidad laboral de los trabajadores, se producen abundantes casos de incompetencia. d) Y pongo ya la última coincidencia, no por falta de ellas sino de ganas de seguir escribiendo sobre esto, el miedo al afeminamiento. En muchos de los casos expuestos por Dixon se encuentra una estúpida osadía por parte del general de turno que le lleva a despreciar las defensas. Según Dixon, esta actitud es resultado de la contradicción que se produce entre el horizonte homófobo que marca el ejército y la homosexualidad reprimida de los mandos. Dicho en cristiano: como querían parecer “muy machos”, despreciaban las virtudes de preparar defensas (como las trincheras) o tomaban decisiones en las que demostrar un viril valor (como ese alarde de estulticia que fue la carga de la caballería ligera en Crimea). En la Empresa Ejemplar sucedía lo mismo. Se veían con muy buenos ojos cualquier ejercicio de heroico machismo (jornadas de 48 horas que de solo recordarlas me vienen arcadas, trabajar dopado hasta las cejas por la dolencia de turno, etcétera) y se despreciaba cualquier gesto “femenino” (como salir a tu hora porque tienes que recoger a los niños del cole). Este anteponer los cojones a la cabeza, además de suponer una gran deterioro de la salud física y psíquica de los trabajadores, también condujo al cierre empresarial, entre otras razones por que se pensaba que el problema económico se podía resolver trabajando como mulas antes que echándole neuronas. En fin, todo esto era para recomendarte el libro de Dixon, una obra que a mí me ha permitido entender un poco mejor las razones por la que ahora estoy en el paro. Espero no haberte aburrido demasiado. | |||||||||||
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