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19 // Linchamientos mediáticos
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Desde hace tres décadas, el diario El País es el periódico más consultado por izquierda española. En general, es el periódico por excelencia del mundo intelectual, universitarios incluidos, y solo algún diario extinto –como el formidable El Independiente– o alguna variedad local –como La Vanguardia– igualan su prestigio como referente de seriedad informativa. Aunque a mí me parece que últimamente ha venido a menos y que presta más atención al márqueting que a la noticia, creo que aún sigue siendo el diario de ámbito nacional más interesante de España.

En su versión digital, El País permite saber cuáles han sido las noticias que más le han interesado a los lectores (las más leídas). Las de hace unos días, 12 de septiembre, fueron:

1- El fiscal estudia solicitar un nuevo análisis del coche que alquilaron los padres de Madeleine
2 - La cuidada puesta en escena de los McCann
3 - Falta al trabajo para hacer el amor y llévate un premio
4 - Pavarotti confesó antes de morir: "Nicoletta me atormenta"
5 - Imaz pierde la batalla ante el sector soberanista del PNV y abandona la política
6 - Isabel de 'Supermodelo' desfila en Nueva York
7 - Un segundo terremoto de 7,9 sacude la isla de Sumatra
8 - Prefiero la silla eléctrica
9 - A puñetazo limpio

Ya sería de por sí suculento el mero análisis de este listado, donde la primera noticia de relevancia política aparece en el puesto quinto y de importancia internacional en el séptimo (todas las demás, menos la octava, se corresponden a ecos de sociedad o al anecdotario de turno), lo cual quizá se enmarque en este fenómeno posmoderno que Vicente Verdú denomina con su habitual lucidez la cultura sin culto. Sin embargo, lo que me interesa estudiar ahora es el fenómeno de la niña desaparecida Madeleine, la noticia que ocupa el primer y el segundo puesto de las más leídas por el público de El Páis.

Si por una casualidad desconoces los pormenores de esta tragedia, te los resumo en pocas líneas: un matrimonio inglés, padre de una niña de unos 4 años (Madeleine) y dos gemelos más pequeños, está veraneando en un pueblo de Portugal. Una noche salen a cenar y al volver a casa se encuentran con que la niña ha desaparecido. La opinión pública se vuelca con ellos y se forma un aluvión de solidaridad impresionante. Hasta el Vaticano interviene en la búsqueda de Madelaine. De pronto, la policía portuguesa interroga a la madre y, de la noche a la mañana, el matrimonio pasa a ser sospechoso de la muerte accidental de la criatura.

Durante todo este tiempo, el caso ha sido tratado en los medios de forma desmesurada. En España, a pocos sucedidos se les ha prestado tanta atención. Que yo recuerde, solo la boda del príncipe Felipe con la periodista Leticia ha suscitado tanto interés mediático en los últimos tiempos. Solo el que se descubriese que el rey pertenece a ETA o que España ganase el mundial de fútbol podría rivalizar con el caso Madeleine.

Aunque, al parecer, han sido los abogados de la pareja quienes han orquestado todo esto desde un principio como un gran show de masas, a mí me parece siniestra semejante desmesura mediática por varias razones:

a) Favorece los juicios paralelos. Hace varios años, en 2001, se produjo un horrendo crimen en el pueblo de Cala de Mijas. Una joven llamada Rocio Vaninkof apareció asesinada y la prensa no tardó en acusar del crimen a Dolores Vázquez, la amante de la madre. Me da pereza ir a la hemeroteca, pero recuerdo que la describían con frases del tipo “mirada fría y calculadora”, “carácter duro”. Dolores fue declarada culpable por un jurado popular y enviada a la cárcel, donde permaneció hasta 2003, cuando la policía encontró al verdadero culpable (un inglés llamado Tony King). Dolores fue encarcelada por pruebas muy endebles y los medios se ensañaron con ella de una manera escalofriante. Sencillamente, le destrozaron la vida. Sin embargo, lejos de haber aprendido la lección con humildad, parece que el público y la prensa le han cogido gustito a eso de ir linchando al personal y siguen lanzándose contra los sospechosos con gran soltura y desparpajo.

b) La noticia en sí misma es irrelevante. La noticia no es que se haya descubierto una cura contra el cáncer o que en no sé qué lugar han muerto tantísimas personas por un desastre natural o del intelecto humano. Es solo un posible asesinato: horrible, desde luego, como todos, pero no es más que eso. Aunque solo sea por una cuestión cuantitativa, no resulta ni de lejos tan terrible como muchas tragedias que se suceden diariamente por doquier. Sospecho con tristeza, sin embargo, que resulta más estremecedor, más noticia, el percance de una pareja europea, rubia y acomodada, que el de cientos de personas afectadas por guerras y miserias.

Puede que el suceso de Madeleine llame más la atención por lo extraordinario. A fin de cuentas, en Irak –por poner un ejemplo– los muertos han sido tantos que se han diluido en el sopicaldo de la cotidianidad (el mismo donde arrojamos el paisaje que vemos diariamente al ir a trabajar). Pero, precisamente, creo que es deber de la prensa evitar que las tragedias vengan con una fecha de caducidad marcada por el frívolo y voluble espectador del mundo Occidental. Y esto nos lleva al tercer punto: los medios generan pensamiento.

c) Tal vez para excusarse, acostumbran a decir los generadores de telebasura que solo le dan al público lo que les pide. El hecho de que las dos noticias más leídas en El País estuvieran relacionadas con el caso Madeleine parecería confirmar esa aseveración. Sin embargo, tal vez podamos plantear una duda razonable. Como saben los guionistas, el público se encariña con cualquier personaje que aparezca con frecuencia durante los primeros minutos de una película, sea un intrépido héroe o un pérfido villano (Hitchcock jugaba mucho con esto para provocar sentimientos de inconsciente culpabilidad entre los espectadores). Al final, creo que los medios y la audiencia se retroalimentan, pero son los medios quienes pueden estimular determinados intereses.  

Y, en cualquier caso, hay veces que los medios deben estar adelantados a su público. Quizá, no lo tengo claro, si se convocara un referéndum para aprobar la pena de muerte en España saldría que sí. Por fortuna, en este caso, los políticos se muestran más avanzados que los electores y ni se les pasa por la cabeza arriesgar semejante locura. La muerte violenta, el sexo, el fútbol y las pequeñas vicisitudes de la monarquía son los temas que más les interesan a los españoles (como me comentaba Bibi, una amiga que trabajaba analizando audiencias televisivas), pero no por eso deberíamos reducir los telediarios y los periódicos a noticiar crímenes, polvos, goles y fruslerías.

En fin, asistamos ahora al linchamiento colectivo de los padres de Madeleine y resbalemos un poco más por esta suave pendiente que nos conduce a la espectacularización del asesinato y la tragedia.

Comentarios: 4 // El último fue de: marcoticos // Escrito el día: 20:09:2007
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Max dijo el día 17:09:2007 a las 9:04
 

Querido Marcóticos, tal como has construido el texto, uno puede pensar que la izquierda española está un pelín "atontá", a juzgar por las cosas que le interesan.

Pero yo creo que en el asunto de las audiencias de los medios habría que hacer algunas consideraciones previas: ¿es El País un diario de izquierda? ¿a cuántos de los lectores de la edición digital de El País se les puede atribuir una filiación ideológica de izquierda? ¿quien lee la edición en papel, consulta también la edición digital y viceversa? ¿las ediciones en papel y las digitales tienen audiencias distintas? ¿qué hábitos y procedimientos de lectura tienen las audiencias de los medios digitales? ¿qué relación existe entre los procedimientos de lectura y la comprensión del texto? ¿cuántos segundos permanece un lector digital sobre un texto antes de hacer click en el siguiente enlace?

En mi opinión, existe una relación entre la velocidad de lectura y la profundidad de comprensión. No sé gran cosa sobre audiencias, pero vivo con la convicción de que una gran parte de las personas que utilizan internet como fuente principal de información navegan a gran velocidad y sobrevuelan las páginas picoteando pequeños fragmentos de texto aquí y allá. Y yo diría que por ese procedimiento sólo se puede tener una visión superficial de los contenidos. Yo creo que hay una gran diferencia entre la actitud del público masivo de internet y los lectores de libros, una diferencia en la manera de mirar el mundo que me gusta expresar como la diferencia entre el modo de mirar una cabeza que pueden tener un neurocirujano y un peluquero (con todos los respetos para los peluqueros, entre los que seguramente hay quien mira las cabezas como un neurocirujano o un poeta, pero ya me entiendes).

Creo que en la difusión de ideas como “aprender entretenidamente”, en el prestigio de la narrativa rápida, o de acción, como en el desprestigio de la narrativa compleja y del cine lento, hay una solapada batalla contra la cultura similar a las actividades de quema de libros de la inquisición. Ya en 1985, en su libro Divertirse Hasta Morir, El Discurso Público En La Era Del Show Business (editado en España por Ediciones de la Tempestad), Neil Postman decía que llegaría el momento en que no sería necesario quemar libros porque no habría nadie interesado en leerlos. Y parece que las grandes audiencias ya han llegado al momento en que han desterrado la complejidad de sus actividades intelectivas. Y eso me parece grave. Porque creo que en la simplificación de la complejidad y la reducción de los grandes desarrollos intelectuales a potitos fácilmente digeribles, hay una siniestra intención de infantilización de las sociedades que está muy emparentada con el embrutecimiento y la aculturación. La cosa es sencilla: es más fácil gobernar una colectividad de adolescentes gamberros con sus facultades cognitivas reducidas, que gobernar una sociedad medianamente culta, porque es más fácil reprimir la delincuencia que controlar una revolución. Además, la delincuencia no pone en cuestión el sistema.

En lo que se refiere a las grandes audiencias, los “prime times”, los “shares”, etc., a mí me parece que el modo de manejar la información (la actitud de quien la difunde y la de aquel que la recibe) puede producir justamente lo contrario: desinformación. Y, dando un pasito más, ¿hay algo más repugnante que la revista Muy Interesante o el Discovery Channel? ¿No es inquietante que un fabricante de potitos como el National Geographic se parezca cada vez más a un fabricante de bazofia como el Discovery Channel? Parece que la industria del entretenimiento está invadiendo los espacios que le corresponderían a la cultura. Y, en esa deriva, parece que, una vez que la audiencia ha sido llevada a un modo intelectivo de interés veleidoso, si quieres audiencia, tu producto tiene que cumplir severos requisitos de simplificación. Con lo que parece que hubiéramos llegado a una maquiavélica dictadura de lo tontorrón. Audiencias del mundo, ¡viva Wikipedia!

Y, para echar un capote a la izquierda española, se me ocurre que, para saber si está “atontá”, deberíamos saber si sus hábitos y procedimientos de lectura son superficiales.

Me ha gustado esa pareja de categorías de desastres: natural o del intelecto humano. Y me ha gustado porque, con frecuencia, los medios tienden presentar los desastres del intelecto humano como si fueran naturales.

§



marcóticos dijo el día 18:09:2007 a las 3:31
 


Máx, como siempre, qué alegría leerte por aquí. Vamos por partes.

a) Sí, creo que la izquierda, la derecha, el centro, el norte, el sur y lo que me dejo por las esquinas está pelín atontá. No me cabe la menor duda. Pero me parece más grave que suceda en el ámbito de la izquierda, que siempre me ha parecido más razonable e inquieta que la derecha o los nacionalistas. Dicho de otra manera: que El Mundo se entregue a la farándula madeliniana no me llama la atención. Si han sido capaces de defender que el 11M estuvo perpetrado por ETA, por ejemplo, no me extraña que sigan rebajando el listón de la calidad periodística en aras de las apetencias públicas. Que lo haga El País o La Vanguardia sí me extraña más.

b) Sí, creo que El País es un diario de izquierdas, al igual que lo es el PSOE. Claro que es una izquierda moderada, cerca del centro, pero sin duda es de izquierdas (aunque detesten a mi admirado Zapatero).

c) Sí, sospecho que los lectores digitales y los analógicos somos los mismos. Lo cual habla mal de nuestros hábitos de lectura periodística (sobre todo en estos últimos tiempos, donde la polarización política se ha trasladado a los medios: o eres PSOE/IU-PRISA o eres PP-COPE-EL MUNDO.

d) Totalmente de acuerdo en la ecuación que estableces. Se produce una relación inversamente proporcional entre el tiempo dedicado a una lectura y su comprensión. Y, efectivamente, parece que cada vez hay más prisas a la hora de disfrutar de un texto.

e) Sí, estoy de acuerdo, así en general, en que se está produciendo cierta infantilización en las sociedades occidentales, cada vez más superficiales y egocéntricas. Aunque no sé si este proceso está orquestado o inducido por nadie. Más bien creo que es resultado del propio bienestar: cuando de lo que tengo que preocuparme es de la jornada laboral desmesurada del “otro” (el chino) o de la precariedad en los servicios de salud que padece el “otro” (el latinoamericano) o de las guerras que cosechan las vidas de los “otros” (el africano), por poner unos ejemplos, es normal que se adormezcan mis inquietudes sociales y afloren los sentimientos más egoístas. Supongo que el atocinamiento social de Occidente se explica por razones mucho más complejas, pero en cualquier caso creo que antes es resultado de la propia inercia de nuestros hábitos y costumbres que de manos negras u oscuros secretarios del ministerio de propaganda e información. Se acepta el sistema no porque se hayan lavado cerebros, sino porque el sistema proporciona todo aquello que uno desea (televisores, coches, hamburguesas y partidos de fútbol), y esos deseos no son inducidos o no más que otros, desde luego.

f) No conozco el Discovery Channel (me parece que es un canal temático, ¿no?), pero si la revista Muy Interesante. Hace unos años no estaba mal xDDD. No sé, quizá no esté mal que la cultura se aprenda de forma entretenida para el neófito de una materia. Cualquier ensayo de arqueología o antropología -por ejemplo- me resultan soporíferos hasta mí (que estudié esas disciplinas) pues en aras de la "seriedad científica" se limitan a exponer tablas estadísticas de cacharros cerámicos o relaciones de parentesco. El que algo se divulgue de manera narrativa, sencilla o divertida no tiene por qué implicar su trivialización. Dinópolis, por ejemplo, es un parque temático dedicado a los dinosaurios en Teruel que sabe combinar perfectamente lo bueno (que algo tiene) del mundo Disney con la exposición científica.

g) Gracias por lo de las categorías. Me hace mucha ilusión que alguien se fije en esos pequeños guiños.

§



Max dijo el día 18:09:2007 a las 13:22
 

Querido Marcóticos, aparte de las cuestiones esenciales, en las que estamos de acuerdo, puntualizo un poco algunos de los asuntillos que llevamos entre manos en esta charla.

a) No quisiera generalizar, pero, aunque quería echar un capote a la izquierda, porque tengo la esperanza de que alguien encuentre una nueva formulación de lo que sea eso de la izquierda, tengo que reconocer que sí parece que hay un cierto atontamiento, o atolondramiento. Parece que la izquierda hubiera entrado en unos grandes almacenes con su mochila del siglo XIX y se hubiera resistido a dejarla en la consigna. Inmediatamente, todos los seguratas, mosqueados con ese tipo que abraza su mochila con una pasión que raya en el fanatismo, siguen sus pasos erráticos por las diversas secciones de lo consumible y se quedan atónitos cuando ven que, tras probar y probar, la izquierda no encuentra unas gafas de sol que atenúen el deslumbramiento que le producen los focos, ni el dependiente de la sección de óptica es capaz de encontrar la graduación exacta para su mezcla de miopía, astigmatismo y dogmatismo. Con esa mezcla de mala visión, mala cabeza y lastre decimonónico, la izquierda parece desorientada y se va pegando leches con los mostradores, derribando alguna que otra estantería de cristalería fina que se le engancha en el siglo XIX e interrogando a los maniquíes sobre la ubicación de secciones que ya no existen. Una pena. Pero yo tengo la esperanza de que alguien sea capaz de hallar una nueva formulación, moderna, inteligente y excitante, que permita estructurar los movimientos sociales que tienden a la solidaridad y la cooperación. Los científicos han sabido pasar de la gravitación de Newton a la relatividad de Einstein, de la relatividad a la quántica y de aquí a la teoría de cuerdas, mientras los políticos de izquierda siguen atrancados en el Newton social que fue Marx. Vale que la gravedad y el marxismo tienen aspectos vigentes nada despreciables, pero en los sociopolítico estamos necesitando otras fórmulas desde hace cien años.

b) A mí me parece que El País es un periódico de centro.

e) Creo que uno de los prodigios de nuestro tiempo, y algo en lo que la derecha le da mil vueltas a la izquierda, es que, a pesar de no haber ningún ministerio de propaganda, los resultados observables parecerían indicar lo contrario. Es como esos astros invisibles cuya existencia de deduce de la alteración de las órbitas de otros astros observables. Los chaparrones de información orientada a crear estados de opinión y de conciencia, los tsunamis de maneras de ver el mundo, y las borrascas de interpretación de la realidad no me parecen fenómenos meteorológicos. Vale que no hay un Ministerio del Clima Mental, pero ese tipo de meteoros no es natural. Es artificial. Y, como en todo artificio, hay una intención. Y esa intención parece que se vislumbra en la unanimidad con que los grandes medios dan un sentido al mundo. Es como yo lo veo, pero puede que a mí también me pese el siglo XIX.

f.1) Y lo del Discovery Channel puede parecer un comentario extraño en un tipo que, como yo, no tiene televisor en casa. Pero ocurre que en mi largo peregrinaje laboral de los últimos años he pasado muchísimas horas en hoteles de un montón de países (por cierto, no veas cómo está el tema televisivo en los veintitantos países que he visitado en los últimos años; el consenso en términos de bazofia es como para pensar que sí hay una mano negra). Ya sé que no hay un consejo de administración global que se dedique a organizar el empobrecimiento de espíritu masivo que uno ve por todas partes, pero, ya te digo: llama la atención el consenso internacional en un asunto tan crucial como el mal gusto. No me voy a extender sobre el Discovery Channel, pero, ya que no lo conoces, te diré, que, en mi opinión, es un fabricante de papillas intragables sobre todo lo habido y por haber, en clave de entretenimiento, catastrofismo y espectacularidad simplona.

f.2) Creo que sí es bueno acercarse a la cultura de un modo divertido y gozoso. Pero la palabra entretenimiento tiene un alcance brutal (nunca mejor dicho) que conviene considerar. El sujeto de entretenimiento, el entretenido, es un sujeto pasivo, alguien que traga contenidos indiscriminadamente. El sujeto del aprendizaje, por el contrario, es un sujeto activo. El entretenido no va a hacer ningún esfuerzo físico o intelectual. El aprendiz, sí. Y hay gozo en el esfuerzo intelectual, en el esfuerzo que supone la adquisición de conocimientos. Qué gozada cuando uno ha destripado cuatrocientas páginas de texto y, al final, alcanza una idea. Quién, que haya realizado un esfuerzo intelectual, no ha sentido la excitación de estar dando machetazos en una jungla incomprensible, picado por los insectos y saturado de humedad; quién no ha dudado, o maldecido, cuando, tras cada machetazo, sólo descubre un poco más de oscuridad y más arbustos y más lianas y más alimañas...; pero quién no ha sentido el inmenso gozo, después de tanto esfuerzo, de separar el ramaje y descubrir un claro en la selva donde humea un fuego y viven gentes dispuestas a mostrarle otras formas de ver el mundo. Quién no ha experimentado el gozo de descubrir una idea. Y a mí me parece que lo que nuestros niños deberían aprender es que en el esfuerzo hay gozo, que escalar una montaña es divertido, que entender la mecánica y la poética del mundo es apasionante. Y, querido Marcóticos, en este contexto, a mí, lo del entretenimiento, me parece un subproducto lamentable cuando es la única vía de adquisición de conocimientos. Como complemento de la aventura de vivir, vale, que el cachondeo me lo tomo muy en serio, si se puede decir; pero no deberíamos confundirlo con la aventura en sí. El problema es que me parece que la industria del entretenimiento está inundando los espacios naturales de la cultura. El entretenimiento tiene su función y su utilidad, sin duda. Lo jodido es cuando, para decirlo con aire de bolero, la industria del entretenimiento se convierte en impostora de cultura.

Te iba a pedir disculpas por estos ladrillos tan poco entretenidos. Pero lo he pensado mejor y sé que te vas a divertir con ellos. Así que nada de disculpas. Y un placer, la charla.

§



marcoticos dijo el día 20:09:2007 a las 9:46
 

a) Totalmente de acuerdo. Hay que reformular la izquierda y adecuarla tanto al sentido común como al siglo XXI. No veo el momento de que Izquierda Unida se hunda definitivamente y deje de ocupar un espacio en el que quiero ver una izquierda moderna, libre de miasmas comunistas y discursos decimonónicos. ¡Cuánto mal hicieron Anguita and cía hace años cuando no siguieron la fórmula italiana del Olivo! (Cuando me refiero al sentido común, lo que pretendo es señalar la cantidad de contradicciones que tienen en su política, como el hecho de ser de izquierdas y nacionalista, algo que sobrepasa mi capacidad de entendimiento).
b) El País, como supongo el PSOE, te parece un periódico de centro porque manejas criterios absolutos para hablar de izquierda y derecha. Si los relativizas a lo que hay sí es de izquierdas. Dicho de otra manera: en el espectro político que tenemos, El País está situado a la izquierda.
c) Sí, parece que existe una mano negra orquestando el devenir ideológico de las sociedades modernas, pero creo que el pensamiento colectivo evoluciona en función de causas naturales, no artificiales. Aunque, claro está, los poderes económicos y políticos generan tendencias ideológicas por pura inercia… De todas maneras, este es un tema muy interesante que dejo para otro momento.
d) En cuanto al entretenimiento, convengo en que hay ocasiones que el propio proceso de aprendizaje resulta gratificante. En ese caso, llegar a Itaca es una excusa, pero en otras no me importaría en lo más mínimo que existieran píldoras mátrix que te ahorrasen el tormento. Por ejemplo, me tomaría sin dudarlo una píldora que me enseñase a conducir o a programar en Java XD.
PS. Por supuesto, es un placer leerte.

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