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Relax!!! | |||||||||||
Giulio Andreotti, senador vitalicio italiano y siete veces primer ministro de este país tan rico en esperpentos políticos, acaba de hacer unas declaraciones minimizando el reciente asesinato de un policía tras un partido de fútbol. Entre otros argumentos para justificar la violencia en las gradas, en este caso verbal, señala que al fútbol uno va a desahogarse, por lo que es normal que las personas de bien insulten a la mamá de los árbitros, a las hermanas de los jugadores rivales y, ¿por qué no?, al linaje completo de un entrenador que no saca al campo a su estrella favorita. Al parecer, según El País, sus palabras exactas fueron: “El mundo del deporte es particular. En los palcos de honor he oído palabrotas de boca de personas que las considerarían inaceptables el resto de la semana. Sirven para desfogarse”. Yo, la verdad, es que no entiendo mucho esto. A mí la violencia me produce estrés, no puedo relajarme si veo a una persona insultando a otra. Hace muchos años, mi amigo Leafar me invitó a un partido de baloncesto. Allí, sentadito en la grada, vi como un señor se pasó el partido soltando todo tipo de improperios contra el árbitro y su mamá, cuya responsabilidad sobre el resultado del partido aún no he terminado de comprender. El caso es que este señor tenía un hijo de unos ocho años, y el hijo miraba al padre y yo miraba al hijo y el padre miraba al árbitro mientras lo insultaba y los insultos miraban al hijo moldeándolo a su imagen y semejanza y todo aquello me produjo un gran desasosiego. Sé que esto es habitual e incluso me han hablado de terapias de pareja en las que encierran a los desavenidos cónyuges en una habitación para que se insulten durante una hora. Esa experiencia parece ser que actúa como catarsis para que recuperen el amor perdido. No creo que la eterna contención sentimental sea muy saludable. Si jamás nos dejamos llevar por un arrebato, se crea un espeso caldo de cultivo en el que no tardan en florecer úlceras y depresiones. Pero tampoco veo muy sano que estos escapes sentimentales sean, sobre todo, violentos y, lo que es peor, contra sujetos en vez de objetos. Me explico. En ocasiones, me pongo de tan mal humor que pegar un grito o dar un golpe me relaja, pero ni se me pasa por la cabeza que mi sparring sea humano. Así, por ejemplo, puedo maldecir al ordenador o propinarle un doloroso puntapié a una pared, pero insultar a un pobre árbitro que está tratando de hacer su trabajo en medio de una horda de salvajes enloquecidos me parece tan estúpido como contraproducente. Y es que, en cuanto uno se olvida de que está tratando con una persona, se desciende al abismo más negro que puede cavar el ser humano. Entonces se puede matar, pegar, violar o, como ocurre en las manifestaciones de España, pedir que se estrellen los pilotos de los helicópteros que sobrevuelan la ciudad.
Unos ultras italianos relajándose en un estadio. | |||||||||||
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Comentarios:
2 // El último fue de: Marcóticos // Escrito el día: 15:02:2007
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