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El tiempo de las cosas | |||||||||||
Estoy tratando de abandonar mi habitual tendencia a devorar compulsivamente lo que me gusta. Un libro, un cómic, un juego, un museo, un manjar: cuando algo me resulta placentero me cuesta mucho saborearlo con detenimiento. En algunos casos, como las novelas, carece de importancia; sin embargo, en otros creo que me impide disfrutar plenamente de las cosas. Tomemos por ejemplo un museo. A las dos horas de pasear por un museo la sensibilidad se adormece, el cansancio dificulta la atenta observación y, en general, queda distorsionada la percepción de los objetos por la simple acumulación de datos. Tal vez esto sea menos grave en el caso de los museos históricos, pues la digestión de un broche de la Edad del Hierro consume menos energías que una obra de arte. Pero en los museos o exposiciones de arte, si tienes tiempo para regresar, la visita debería ser más sosegada. No sé exactamente la cantidad de obras que se pueden apreciar correctamente, pero a 10 minutos cada una, y con dos horas de plazo, parece sensato reducir su número a una veintena por sesión. Y 10 minutos, según que obras, es una cantidad ridícula de tiempo. Pensemos en el tiempo que puede haberle llevado a un artista terminar una obra que luego miraremos y analizaremos en apenas una decena de minutos.
Odile, Franz y Arthur tratando de batir el récord de visitar el museo de El Louvre, hasta el momento en posesión de un americano que lo había dejado en 9 minutos 34 segundos. (Jean Luc Godard, Banda aparte, 1964).
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Comentarios:
1 // El último fue de: Leafar // Escrito el día: 19:02:2007
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