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Usabilidad I

Como les prometí a Zafiro y a Leafar, empiezo un análisis sobre la usabilidad.

Bien, lo primero que se hace en estos casos es aclarar qué es eso de la usabilidad. El término proviene del inglés y hace referencia a la facilidad o dificultad que entraña la navegación por una web. Al respecto, podemos distinguir dos tipos de obstáculos según se encuentren en el interfaz visible para el usuario o en la programación oculta, el código, con que se ha elaborado la página. Por claridad, cuando hable de los primeros emplearé el término ergonomía y cuando me refiera a los segundos el de accesibilidad.

Para terminar de aclarar este punto, vamos a recordar que una página web son un conjunto de instrucciones que se encuentran guardadas en unos ordenadores llamados servidores. Cuando una persona visita una página web lo que sucede es que mediante un programa de su ordenador, el navegador Explorer o el navegador Firefox por ejemplo, solicita al servidor ese conjunto de instrucciones para, luego, interpretarlas y mostrarlas al usuario por pantalla.

Accesibilidad

Un libro siempre tiene la misma apariencia sea quien sea el lector. Da igual si soy alto o bajo, ciego o sordo, el libro una vez fabricado permanecerá siempre igual salvo por un progresivo deterioro provocado por el paso del tiempo: pesará lo mismo, mantendrá siempre el mismo cuerpo y estilo de letra y nunca modificará en ancho de columna. Sin embargo, cada página web se mostrará de manera distinta según el navegador y el ordenador de cada usuario (unos la verán más grande, otros con más colores, etcétera), ya que una web no es más que una partitura que se interpreta cada vez que un ordenador accede a ella. No es música grabada sino un concierto que a cada momento sonará de una manera u otra en función del director de orquesta que la interprete.

Para que nos hagamos una idea, es como si un libro se pudiera adaptar a las necesidades de cada uno. Imagina que al abrir el libro pudieras elegir el tipo de letra o, incluso, transcribirlo a braille si estás ciego. Así, por ejemplo, en nuestro caso alguien que padece una conexión lenta a Internet puede haber desactivado la opción de descargar las imágenes disfrutando de esta manera de una navegación mucho más rápida.

Esta capacidad de adaptarse a las necesidades de cada usuario cobra gran relevancia en el ámbito de las personas que presentan alguna discapacidad, sobre todo las que tienen dificultades visuales, que pueden tener un navegador que muestre todo mucho más grande o, incluso, que lea las páginas si son completamente ciegas.

El lenguaje de programación básico que se utiliza para hacer páginas web, llamado HTML, puede ser interpretado sin problemas por este tipo de navegadores. Sin embargo, en muchas ocasiones, los programadores y los diseñadores web lo utilizan de tal manera que dificultan su interpretación por navegadores especiales. Veamos un ejemplo: para decirle a un navegador que debe mostrar una imagen se escribe el siguiente código <img src =”nombre de la imagen”>. Esa línea admite un atributo llamado alt, en el cual se puede describir el contenido de la imagen: <img src =”nombre de la imagen” alt=”aquí va una descripción de la imagen”>. Pues bien, por pereza o por desidia, en muchas ocasiones se olvida poner el atributo alt, el cual permite que un navegador para ciegos lea el contenido de una imagen de otra forma invisible.

En general, los problemas de accesibilidad son objetivos e incuestionables. Ahora bien, a veces sucede que el diseño que se quiere aplicar a una web resulta del todo inaccesible. El ejemplo más claro lo protagonizan las páginas elaboradas con Flash. Este programa permite diseños muy sofisticados, llenos de animaciones, pero su contenido es sencillamente inabordable para un navegador atípico. Sin embargo, hay ocasiones –como las páginas publicitarias de las grandes marcas– en que resulta imposible alcanzar los objetivos de diseño mediante mera programación HTML.

Una solución a esto es preparar versiones distintas del contenido de una misma una página para que se adecuen a las necesidades de cada usuario (ya sea preparándola en HTML y en Flash o con hojas de estilo externas), aunque esto puede aumentar el presupuesto o, en el caso de las páginas personales, rebasar las ganas que tiene uno de echarle a esto de comunicarse por Internet.

En cualquier caso, resulta inadmisible que se programe cualquier página institucional que no se atenga a los criterios más estrictos de accesibilidad. Ayuntamientos, bibliotecas, ministerios, escuelas públicas: cualquier institución que pertenezca o sea subvencionada por el Estado, por el conjunto de los ciudadanos, debería ser desde mi punto de vista absolutamente accesible para todo el mundo.

De todas maneras, como los problemas de accesibilidad son más una cuestión técnica, fácilmente solucionable mediante presupuesto y buenos programadores, no me extenderé más sobre ellos.

Imagen que muestra la pantalla inicial de Google

El buscador Google, una página bien accesible

Imagen que muestra la primera pantalla de Nike

La página de publicidad de Nike, absolutamente inaccesible al estar realizada en Flash

 

 

 


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