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Linchamientos mediáticos

Desde hace tres décadas, el diario El País es el periódico más consultado por izquierda española. En general, es el periódico por excelencia del mundo intelectual, universitarios incluidos, y solo algún diario extinto –como el formidable El Independiente– o alguna variedad local –como La Vanguardia– igualan su prestigio como referente de seriedad informativa. Aunque a mí me parece que últimamente ha venido a menos y que presta más atención al márqueting que a la noticia, creo que aún sigue siendo el diario de ámbito nacional más interesante de España.

En su versión digital, El País permite saber cuáles han sido las noticias que más le han interesado a los lectores (las más leídas). Las de hace unos días, 12 de septiembre, fueron:

1- El fiscal estudia solicitar un nuevo análisis del coche que alquilaron los padres de Madeleine
2 - La cuidada puesta en escena de los McCann
3 - Falta al trabajo para hacer el amor y llévate un premio
4 - Pavarotti confesó antes de morir: "Nicoletta me atormenta"
5 - Imaz pierde la batalla ante el sector soberanista del PNV y abandona la política
6 - Isabel de 'Supermodelo' desfila en Nueva York
7 - Un segundo terremoto de 7,9 sacude la isla de Sumatra
8 - Prefiero la silla eléctrica
9 - A puñetazo limpio

Ya sería de por sí suculento el mero análisis de este listado, donde la primera noticia de relevancia política aparece en el puesto quinto y de importancia internacional en el séptimo (todas las demás, menos la octava, se corresponden a ecos de sociedad o al anecdotario de turno), lo cual quizá se enmarque en este fenómeno posmoderno que Vicente Verdú denomina con su habitual lucidez la cultura sin culto. Sin embargo, lo que me interesa estudiar ahora es el fenómeno de la niña desaparecida Madeleine, la noticia que ocupa el primer y el segundo puesto de las más leídas por el público de El Páis.

Si por una casualidad desconoces los pormenores de esta tragedia, te los resumo en pocas líneas: un matrimonio inglés, padre de una niña de unos 4 años (Madeleine) y dos gemelos más pequeños, está veraneando en un pueblo de Portugal. Una noche salen a cenar y al volver a casa se encuentran con que la niña ha desaparecido. La opinión pública se vuelca con ellos y se forma un aluvión de solidaridad impresionante. Hasta el Vaticano interviene en la búsqueda de Madelaine. De pronto, la policía portuguesa interroga a la madre y, de la noche a la mañana, el matrimonio pasa a ser sospechoso de la muerte accidental de la criatura.

Durante todo este tiempo, el caso ha sido tratado en los medios de forma desmesurada. En España, a pocos sucedidos se les ha prestado tanta atención. Que yo recuerde, solo la boda del príncipe Felipe con la periodista Leticia ha suscitado tanto interés mediático en los últimos tiempos. Solo el que se descubriese que el rey pertenece a ETA o que España ganase el mundial de fútbol podría rivalizar con el caso Madeleine.

Aunque, al parecer, han sido los abogados de la pareja quienes han orquestado todo esto desde un principio como un gran show de masas, a mí me parece siniestra semejante desmesura mediática por varias razones:

a) Favorece los juicios paralelos. Hace varios años, en 2001, se produjo un horrendo crimen en el pueblo de Cala de Mijas. Una joven llamada Rocio Vaninkof apareció asesinada y la prensa no tardó en acusar del crimen a Dolores Vázquez, la amante de la madre. Me da pereza ir a la hemeroteca, pero recuerdo que la describían con frases del tipo “mirada fría y calculadora”, “carácter duro”. Dolores fue declarada culpable por un jurado popular y enviada a la cárcel, donde permaneció hasta 2003, cuando la policía encontró al verdadero culpable (un inglés llamado Tony King). Dolores fue encarcelada por pruebas muy endebles y los medios se ensañaron con ella de una manera escalofriante. Sencillamente, le destrozaron la vida. Sin embargo, lejos de haber aprendido la lección con humildad, parece que el público y la prensa le han cogido gustito a eso de ir linchando al personal y siguen lanzándose contra los sospechosos con gran soltura y desparpajo.

b) La noticia en sí misma es irrelevante. La noticia no es que se haya descubierto una cura contra el cáncer o que en no sé qué lugar han muerto tantísimas personas por un desastre natural o del intelecto humano. Es solo un posible asesinato: horrible, desde luego, como todos, pero no es más que eso. Aunque solo sea por una cuestión cuantitativa, no resulta ni de lejos tan terrible como muchas tragedias que se suceden diariamente por doquier. Sospecho con tristeza, sin embargo, que resulta más estremecedor, más noticia, el percance de una pareja europea, rubia y acomodada, que el de cientos de personas afectadas por guerras y miserias.

Puede que el suceso de Madeleine llame más la atención por lo extraordinario. A fin de cuentas, en Irak –por poner un ejemplo– los muertos han sido tantos que se han diluido en el sopicaldo de la cotidianidad (el mismo donde arrojamos el paisaje que vemos diariamente al ir a trabajar). Pero, precisamente, creo que es deber de la prensa evitar que las tragedias vengan con una fecha de caducidad marcada por el frívolo y voluble espectador del mundo Occidental. Y esto nos lleva al tercer punto: los medios generan pensamiento.

c) Tal vez para excusarse, acostumbran a decir los generadores de telebasura que solo le dan al público lo que les pide. El hecho de que las dos noticias más leídas en El País estuvieran relacionadas con el caso Madeleine parecería confirmar esa aseveración. Sin embargo, tal vez podamos plantear una duda razonable. Como saben los guionistas, el público se encariña con cualquier personaje que aparezca con frecuencia durante los primeros minutos de una película, sea un intrépido héroe o un pérfido villano (Hitchcock jugaba mucho con esto para provocar sentimientos de inconsciente culpabilidad entre los espectadores). Al final, creo que los medios y la audiencia se retroalimentan, pero son los medios quienes pueden estimular determinados intereses.  

Y, en cualquier caso, hay veces que los medios deben estar adelantados a su público. Quizá, no lo tengo claro, si se convocara un referéndum para aprobar la pena de muerte en España saldría que sí. Por fortuna, en este caso, los políticos se muestran más avanzados que los electores y ni se les pasa por la cabeza arriesgar semejante locura. La muerte violenta, el sexo, el fútbol y las pequeñas vicisitudes de la monarquía son los temas que más les interesan a los españoles (como me comentaba Bibi, una amiga que trabajaba analizando audiencias televisivas), pero no por eso deberíamos reducir los telediarios y los periódicos a noticiar crímenes, polvos, goles y fruslerías.

En fin, asistamos ahora al linchamiento colectivo de los padres de Madeleine y resbalemos un poco más por esta suave pendiente que nos conduce a la espectacularización del asesinato y la tragedia.

 

 

 


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