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El didgeridoo

Con 7.686.850 km2 de extensión, Australia es un país de dimensiones colosales (unas 15 veces España), aunque gran parte de su territorio padece un clima desértico y hostil a cualquier forma de vida. Por encontrarse lejos de los demás continentes y aislada por el mar, alberga especies animales muy singulares, como los clasificados en la familia de los metaterios (mamíferos cuyos embriones terminan de desarrollarse en la bolsa marsupial de la madre: canguros, zarigüeyas, lobo marsupial, etcétera).

Se desconoce con certeza cuándo llegaron las primeras poblaciones humanas, aunque podría haber sido entre el 60.000 y el 40.000 a. C. Durante milenios, los distintos pueblos aborígenes vivieron tranquilos, perfectamente adaptados al tan inhóspito medio. Como en tantos otros lugares, la colonización europea –allá por el siglo XVII y, sobre todo, el XIX– supuso para ellos un gran desastre. De 300.000 a 750.000 aborígenes que  habitaban el continente a principios del siglo XVIII apenas quedaban 31.000 en 1911 y todos viviendo en unas condiciones pésimas.

Durante el pasado siglo XX todavía se siguieron perpetrando todo tipo de barbaridades contra ellos. Vivían confinados en reservas y el Estado procuró su completo genocidio por diversos medios: esterilizando a las mujeres, llevándose a los niños a orfanatos para que perdieran cualquier vínculo con su comunidad, etcétera.

La situación perduró hasta 1964, cuando el gobierno decidió poner fin al exterminio y su separación del resto del Estado. Hoy en día, su situación ha mejorado, las comunidades se han recuperado en torno a los 500.000 habitantes (representan el 2 por ciento del total de la población australiana) pero siguen padeciendo una gran pobreza, caldo de cultivo de todo tipo de problemas (alcoholismo, delincuencia, enfermedades sin tratar, suicidios).

Didgeridoo

Los sueños y el didgeridoo

En general, los antiguos mitos aborígenes prestaban gran atención a la cosmogonía (la creación del Universo). Al parecer, pensaban que el cosmos se había originado durante un período mítico conocido como «El Tiempo del Sueño», durante el cual los espíritus ancestrales (Wondjina) crearon el mundo y el ser humano. Luego, se sumergieron dentro de la tierra y pasaron a formar parte de los elementos de la naturaleza (como las rocas, los ríos, los animales, etcétera).

Otro mito de la creación tiene como protagonista a la llamada «Serpiente del Arco Iris» o «Madre Serpiente», una divinidad relacionada con la fertilidad y la lluvia. Hubo un tiempo en que el la Tierra no era más que una superficie desierta, pero la Serpiente del Arco Iris despertó un día de su interior y salió a la superficie. Allá por donde pasaba, se formaban los distintos accidentes del terreno –montañas, ríos, valles– y, además, los poblaba de vida animal y vegetal gracias a la fecundidad de sus pechos.

Hay varios mitos que explican el origen del didgeridoo, alguno de los cuales lo relaciona con la Serpiente del Arco Iris. Lo que sí parece cierto es que nació durante El Tiempo del Sueño.

El didgeridoo es un instrumento de viento que consiste en un tronco de eucalipto horadado por las termitas. Puede ser más o menos largo (desde 50 centímetros hasta dos metros) y puede modificarse el registro sonoro en función de la posición de la lengua, la cantidad de aire, la abertura de la boca o produciendo ruidos con la garganta.

Su sonido resulta muy curioso. Es una especie de zumbido fantasmagórico que escuchado en el desierto debe ser impresionante. Aquí van unos vídeos de muestra:


 

 

 

 


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