EL PÍXEL DE ORO
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IV Convocatoria - 2006 - 2007

Plazo de entrega de originales: 1 abril de 2007

 

Relatos que han llegado por el momento
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Zafyro
El anticuario

La tienda de antigüedades de David Francesco, La Caja de Sorpresas, era conocida en toda la capital por la excelencia de sus materiales. La tienda, de pequeñas dimensiones, estaba siempre abarrotada de increíbles piezas de mobiliario. El aún joven Don Francesco se había labrado una impresionante reputación al ser capaz de encontrar, en su muy breve vida de anticuario, autenticas piezas de arte sin que nadie supiera de dónde o cómo las conseguía.

D. Francesco había citado hace una semana en reunión privada a tres de sus más cercanos amigos. Cuando al caer la tarde tres figuras se acercaron a la tienda, Marcos, el Asistente de D. David, abrió la puerta para que pasaran. Una vez entraron, cerró la candada a medias para dar a entender que la tienda ya no estaba abierta al público.

-Antonio, Ana y Paloma. Llegáis puntuales como nunca. Pasad y acomodaros, Tengo que contaros algo que os sorprenderá.

David les recibió sentado en una magnífica silla estilo Chippendale inclinada sobre solo dos de sus patas mientras apoyaba las piernas cruzadas encima su escritorio.

- Como te gusta el misterio David. -Ana esbozaba una amplia sonrisa, sabía de buena tinta que uno de los motivos por los cuales David la había invitado era para cortejarla.

-Dios mío, no me digas que la silla es auténtica. ¿No es auténtica verdad cariño? Antonio era un apasionado de las antigüedades. A duras penas podía soportar como era maltratado uno de los muebles de su ebanista favorito.

-Lo hace sólo para molestarte Antonio, no le sigas el juego. Él tampoco se arriesgaría a estropear la silla si lo fuera.

-Claro que no es auténtica. –David se levanto de la silla y les indicó que se acercaran a él con un gesto conspiratorio. Una vez cerca les dijo susurrando. -Tenéis que permitirme que os diga que hoy estáis particularmente arrebatadores, ¿Cómo lo hacéis para conservaros tan bien?

-Eres un terrible adulador, no estamos ni la mitad de elegantes que tú, parece que por ti no pasan los años en absoluto bribón. -Ana se había sonrojado casi inmediatamente.

-Deja ya los susurros, nos tienes en ascuas, hace una semana que esperamos para que nos cuentes de qué trata todo este misterio. ¿Por qué es tan importante que vengamos hoy aquí? Podrías haber quedado con mi hermana a solas y ya está. -Paloma no pudo reprimir una mueca de sorna, aunque era un secreto a voces lo de su David con su hermana, sabía muy bien que a él le molestaba que se comentara en voz alta.

-No seas mala cariño, déjale que se explique…

-Si Paloma, déjame hablar y veras como  no te decepciono. ¿Alguna vez no he cumplido con vuestras expectativas? -Los orgullosos ojos de David se movían de un lado a otro un poco inquietos. -Os he traído aquí para contaros una historia y haceros una proposición, pero antes… -David hizo sonar la campanilla que tenía siempre sobre su escritorio y su asistente apareció casi al instante portando una bandeja plateada, cuatro copas de finísimo cristal y una exótica botella de vino tinto.

-Puedes marcharte por ahora Marcos. Recuerda que mañana a primera hora alguien dejará un paquete de gran importancia. Deberás colocarlo antes de levantar las rejas junto a los maniquíes del escaparate. Traerán también unos vestidos de época para que prepares la escena habitual.

Tras efectuar una cortés reverencia y sin decir una palabra Marcos se alejó del grupo y salió discretamente de la tienda.

-Tu asistente es una joya, está siempre en su sitio.

-No creas Ana, he tenido que adoctrinarle con severidad. Lo más difícil fue hacer que tuviera un poco de educación al hablar con los clientes.

-Un gran trabajo entonces, es difícil que la gente comprenda su posición social. ¿Se ha perdido un poco el respeto a las clases verdad?

-Permíteme que te interrumpa cariño, veo que la botella ya está abierta y creo que deberíamos saborear el vino mientras escuchamos la historia que David quiere contarnos. -Antonio tenía entre sus manos la botella de vino y la estaba examinando con delicadeza y muchísima atención. El vino era su otra pasión, un detalle que colocaba a Paloma en una alejada tercera posición en sus intereses.

-Siempre pensando en lo mismo mi amor.
 
-El vino debe esperar, no es un vino cualquiera. Creo que preferiréis escuchar mi historia antes de decidir si queréis beberlo o no. -David extendió su mano señalando tres sillas colocadas delante de su escritorio, se sentó y les miró de una manera tal, que dejaba pie a poca réplica.

Los tres invitados se sentaron y, por primera vez en la noche, esperaron atentos para saber qué es lo que David les tenía que contar.

- Hace apenas una semana, justo antes de que os llamara, hice una visita a uno de los lugares donde suelo ir para encontrar mis pequeñas joyas…

-¿Nos vas a explicar entonces tu secreto? ¿Es por eso que nos has llamado? -Antonio apenas podía ocultar su ansiedad.

-Si tenéis paciencia acabaré por contarlo, sí. Si me interrumpes así otra vez creo que no lo haré. Antonio se calló inmediatamente e hizo un apresurado gesto de disculpa para que David continuara.

-…Hace una semana, como os decía, en uno de estos lugares, encontré una pieza increíble, una Cómoda Regènce de una gran calidad, aunque un poco maltratada por el tiempo. -David hizo una pequeña pausa para ver como Antonio se retorcía en la silla de expectación, sabía que no hace demasiado tiempo se había subastado una pieza similar por más de veinticinco mil euros. -Esta tienda, es un pequeño bazar árabe dentro de uno de los barrios más marginales de la ciudad. Los inmigrantes llegan a nuestra ciudad desde donde sea que vienen todos sus enseres y cuando descubren que éste no es el paraíso prometido, van vendiendo sus viejos muebles de madera al peso a tenderos que, en la mayoría de los casos, no saben lo que compran. El dueño de la tienda, un marroquí con el que he hecho negocios otras veces, me llevó directo a la pieza y estuvimos regateando. Acordamos que le pagaría mil quinientos euros.  -Otra pausa de efecto para ver como su compañero tragaba saliva al escuchar la cifra. -Aún así, pensé que mil quinientos era demasiado caro para pagárselo a un moro. Si aceptaba darle tanto dinero no podría hacer este tipo de negocios otras veces en mejores condiciones, así que decidí tirar un poco más de la cuerda y le ofrecí sólo la mitad, setecientos cincuenta euros. “No es posible, no es posible, demasiado barato”, me decía el infeliz. Estuvimos discutiendo un rato más y el morito acabó por amenazarme. Me dijo que sabía que yo vendía estos mismos muebles a un precio mucho más caro, que se lo contaría a todos sus compañeros y nunca volvería a hacer negocio allí.

-Estos moros, no se puede confiar en ellos. -Paula estaba indignada. Ana por su parte estaba algo confundida, para ella pagar setecientos cincuenta euros por una cómoda ya era muy caro.

-Eso pensé yo, así que le dije que si no quería problemas con la policía, más le valía tener la boca cerrada. Sabéis que soy una persona razonable, pero cuando me encuentro con gentuza tan descarada e insolente no puedo reprimirme. Le amenacé tanto con mis influencias, que definitivamente se acobardó y aceptó lo que le ofrecía. Es más, tanto me ofendí por la actitud del tipejo que me dirigí a la salida prometiéndole que me pensaría lo de la denuncia.

-¡Bien hecho!, ése se llevó lo que se merecía por insolente. ¿Le has denunciado ya?

-No Ana, no. Pretendía hacerlo, pero cuando estaba llegando a la puerta el pobre morito me ofreció un regalo a cambio de mi indulgencia. Una botella de vino, esta botella de vino. Me dijo que podía quedármela y sólo me pedía que si me gustaba no le denunciara. Tendríais que haberle visto, todo humillación, no se atrevió a mirarme a los ojos mientras andaba inclinado hacia mí y mantenía la botella por encima de su cabeza.

-¿Tan especial es el vino? Antonio tenía ahora un brillo expectante en los ojos y miraba alternativamente a la botella y a su amigo David.

-Mucho más de lo que pensáis. Para lo que viene a continuación, necesito vuestra completa atención. Recordad que no es un engaño y que os lo podré demostrar. Debéis tener fe en mí, he engañado a mucha gente, pero nunca a vosotros.

-Continúa, prestaremos atención a lo que nos digas. Paula afirmó esto con seguridad y los otros dos asintieron con la cabeza.

-Esa misma noche, en mi casa, me preparé para descorchar la botella. Como veis la etiqueta está escrita en árabe así que, para tener referencias sobre la misma, no me quedaba otra solución que probarla. Cuando el tapón salió del cuello de la botella, un olor dulzón invadió la habitación y tuve la sensación de que alguien bajaba la intensidad de las luces. Una voz profunda me habló directamente desde la botella y aunque mis oídos no entendían el lenguaje, comprendía cada palabra que era pronunciada. Esa voz se anunció como Emir Kâbus el Ifrit, creo que es un nombre en turco, aunque no sé bien qué significa. Me dijo que llevaba prisionero en esa botella durante más de un milenio y que recompensaría a aquellos que le liberaran cumpliendo uno de sus deseos.

Los tres amigos contemplaban a David lívidos, A él nunca le habían gustado las historias fantásticas y no era dado a mentir excepto cuando se trataba de negocios. Entendiendo que era el momento de hacer una demostración, David alargó la mano hacia la botella y retiró el corcho con el mayor de los cuidados. La sala quedó inmediatamente en penumbras y un olor azucarado e intenso invadió la habitación.

-Tuve una conversación con la criatura, y negocie cuál sería mi deseo y las condiciones en las que me sería otorgado. El deseo sería concedido a aquellos que bebieran de la botella conmigo y la criatura quedaría liberada en ese mismo momento.

-¿Y qué es lo que has pedido para aquéllos que consuman el vino? -Ana realizó la pregunta, pero se la quitó de los labios a sus dos compañeros. En su cabeza no cabían ya dudas sobre la veracidad de lo que David les estaba contando.

-Juventud y vida eterna para aquellos que le liberen de la maldición. Estaremos por encima de todos. Antonio y Paloma disfrutarán de una vida inmortal. Tú y yo Ana...
- David saco una pequeña cajita y la abrió mostrando un anillo dorado en cuyo centro había un enorme diamante tallado en forma de corazón. -Estaremos juntos para siempre.

Ana acercó la mano lentamente mientras miraba a su hermana sorprendida y emocionada. David le deslizó suavemente el anillo por su dedo.

-¿Qué decís, querréis viajar conmigo a través de los siglos?

Como si fueran una sola persona, los cuatro levantaron las copas y David las llenó con el  líquido espeso y rojo que había en la botella.

-Juntos, en la eternidad y la juventud. Juntos para siempre. -El cristal chocó completando el brindis, y los cuatro vaciaron sus copas al unísono.

Al día siguiente, Marcos entró en la tienda dispuesto a trabajar, como todas las mañanas, bajo el tiránico yugo de su jefe. Si no fuera por que pagaba moderadamente bien, hace tiempo que le hubiera dejado.

En mitad de la tienda, encontró lo que supuso que era el paquete al que Don Francesco se había referido la noche anterior. No entendía mucho de este negocio pero, ¿para qué quería el ilustre anticuario cuatro maniquíes más?

 
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Leafar
El primer beso

El primero:
Pero mírales no les dará vergüenza, acaso es que no tienen casa...

El segundo:
¡Cómo se están poniendo! y eso que él no tiene ni media hostia…
Ahora ella sí que esta buena…
Si yo la pillara, se iba a enterar esa de lo que es un beso, y no lo que está haciendo el baboso ese…

El tercero:
¿Por qué les iba a dar vergüenza? Anda que si tú pudieras… te diría yo donde estarías, aquí detrás del escaparate o allí delante. Yo por lo menos lo tengo claro.

El cuarto:
Chicos, chicos, chicos, estáis siempre igual no podéis hacer otra cosa que pensar en el sexo, cada vez que una pareja se para delante de nuestro escaparate no hacéis otra cosa que pensar en ella en él en lo que haríais con ella (¿con él?), sois unos plastas ¡a ver si cambiáis de tema!

El quinto:
Pues yo que quieres que te diga, no soy chico, y también me dan envidia…

El sexto:
¿Cómo que envidia? ¿Envidia de qué? No podemos movernos, estamos sin ropa, delante de todo el mundo, los viandantes nos contemplan día y noche, y nos ignoran, no tenemos sexo y somos de cartón piedra… Aunque pudieras estar ahí delante, dime ¿qué harías? Mejor ya te lo digo yo, nada, y cuando digo nada es N-A-D-A y no por que no te falten ganas sino por que no puedes…

El séptimo:
Eh chicas silencio que viene el dueño SHHHHH.

 
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Max de Sastre
FAKE RUNNER
Un Lugar En El Mundo

La ciudad se desperezaba lentamente después de una siesta de julio. Las tiendas estaban abriendo y todavía se oía el ruido de algunos cierres metálicos al ser levantados. Algunas dependientas sobremaquilladas iban a la zona posterior de los locales para encender las luces y remoloneaban colgando el bolso, recogiendo algunas cosas que habían quedado desordenadas al final de la mañana y haciendo alguna llamada fáctica y desapasionada.

Pero yo no. El estrés me crecía en la garganta como una bola que impedía circular el aire, me ahogaba e impedía que las ideas fluyeran. No había tiempo. Había sido delatado. Sabía que esta vez habían decidido darme caza definitivamente y no iban a escatimar esfuerzos. Bajo un aspecto de inofensivos turistas, un ejército de buscadores peinaba la ciudad vieja. Pude reconocer a varios en algunas callejuelas cercanas y en seguida supe que estaban estrechando el cerco sobre mí. La angustia me estaba arrastrando a un estado de aturdimiento que no me dejaba pensar con claridad. No había refugio en la zona y la urgencia empezaba a producir una especie de anestesia interior muy peligrosa.

Entonces, todas las horas de entrenamiento cobraron sentido. Los procedimientos y recursos empezaron a aflorar con serena velocidad. Y empecé a ver que mi único refugio estaba en ellos, sí, en mis enemigos, en quienes me querían exterminar. Me ocultaré en lo que saben de mí, pensé. ¿Pero cuál de sus datos podría ser aplicable en aquel entorno urbano reciclado? ¡Claro! ¡La moda! Ellos saben que nosotros odiamos la moda y saben que lo que más odiamos de nosotros mismos, de nuestra condición de androides, es nuestro especto de maniquíes, ese aspecto esquemático que nos delata. Saben que jamás nos hemos aceptado como somos y que siempre hemos querido ser como los humanos. A diferencia de los buscadores, nosotros nunca nos hemos conformado con nuestra condición de seres fabricados para el sometimiento y ellos lo saben.Así que ese era el lugar donde ocultarme: en sus prejuicios. No había otra cosa y tampoco había tiempo para más.

El proceso mental fue muy sencillo a partir del momento en que descubrí Un Lugar En El Mundo, así se llamaba aquella tienda de moda, en cuyo escaparate había seis maniquíes desnudos. Lo demás fue suerte... Poco después, los buscadores pasaron a pocos metros, despreciando una evidencia que consideraban inverosímil. Qué bien los hacen, pensé, mientras les veía pasar manteniendo mis ojos de cristal inmóviles; a pesar de la prisa, caminan despacio y visten con toda naturalidad sus falsas camisas blancas, sus aterradores pantalones cortos, sus escalofriantes sonrisas, sus peligrosas cámaras ¡y sus sandalias con calcetines! Por eso, a veces, les cuesta encontrarnos, porque a ellos, a los buscadores, los hicieron mejor que a nosotros y nos desprecian. Por eso hay situaciones en que no nos ven. Por eso son peores... y por eso pasaron de largo.

Justo en ese momento, cuando pasaban ante el escaparate, apareció el tipo que hizo la foto. Era un turista real, uno de esos que pasan por los sitios cuidando de que nada les salpique y como quien acarrea un destino que no le corresponde. Aquel Sísifo con tres megapíxels nos fotografió sin saber lo que estaba viendo en aquella extraña desnudez. Sin embargo, alguien sí lo había visto todo y miraba fríamente al objetivo, mientras ellos se reflejaban en el cristal a su paso: Laura. Yo ya sabía que no estaba solo en aquel escaparate, que no todos eran maniquíes, pero con las prisas, el pánico y la necesidad de pasar desapercibido ante la encargada de la tienda en el momento de introducirme en el escaparate, tardé en reconocerla, en sentirla.

La idea de conseguir la foto fue de ella, de Laura (siempre nos ponen nombres de personas). Salimos a medio vestir de la tienda y tuvimos que romper el corro de gente que se hizo ante el escaparate cuando empezamos a movernos. En seguida alcanzamos al turista que había hecho la foto. No fue difícil robarle la cámara. Ahora buscamos al otro, al que nos buscaba, al que se reflejaba en el cristal. Y ahora somos dos. Y sabemos que hay otros que, como nosotros, también están en la resistencia y estarían dispuestos a contraatacar. Desde ese día, Laura y yo somos cazadores y, quién lo iba a decir, buscamos aliados en los escaparates de las tiendas de moda.

 
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Mik Córdoba
Sin título

La mirada inquisitiva no es monopolio de los humanos. Nos puede traspasar, nos puede resbalar, nos puede inquietar… si nos hace pensar puede ser suficiente... o sentir, y si es de un humano mejor pero a veces vale cualquiera. 

 
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Emilio
Pre ocupación

“La razón de que la preocupación mate a mas gente que el trabajo es que hay mas gente que se preocupa que gente que trabaja” 
(ROBERT FROST)

Aún retumbaban en mis oídos las palabras de mi amigo Frost cuando vi sus figuras, erguidas, desafiantes en su desnudez, impertérritas a las miradas de los curiosos que dedicaban dos segundos de su deambular a aquellas siluetas provocativas.

¿Estudias o trabajas? estuve a punto de sugerirle a Diana (Diana era la figura mas al extremo, a la derecha del grupo) ¿qué porqué Diana? porque me di cuenta de su mirada, incisiva, provocadora y de pertinaz cazadora de transeúntes desprevenidos como yo.

El caso es que aborté mi pregunta inicial por otra mas diletante y Frostiana ¿te preocupas o trabajas...? acerté a susurrar. El hilillo de voz que me salió me hizo sentirme jilipoyas porque me pareció que el resto de su pandilla, aunque se hacían el "sueco" y seguían con "posturitas" de Calvin Klein , esbozaban una ligera sonrisita de ironía mal contenida. Hasta me pareció oir el je, je,je ese típico, tan familiar, de aquel capullo del señor Roper que salia en la tele de Carrero en los 70 (es que hay cosas que la caja tonta te deja tan grabadas que no hay Salsas Rosa ni sesiones X nocturnas del Canal+ que las destierre, joder).

Que que dijo Diana? pues Diana mantuvo el tipo, Me di cuenta porque soy perspicaz. Muy en su pose de reinona de la tropa pude entrever una mirada conmiserativa y como de soslayo, aunque lo que mas me jodió es que me lanzó (eso percibí yo, porque el ruido que montaban entre ellos, mucho siseo, mucho musitar entre dientes y todo ese código de señales que acostumbran a utilizar los del mundo fashion del carajo, me dificultaba escucharla bien) una pedrada dialéctica y directa al pleexo que me dejo estupefaccciente

"...mira chaval ya que te gusta observar, te diré que si te observas a ti mismo y observas que tienes desasosiego o inquietud y estas preocupado sin motivo -porque la cara de sonaja que se te ha quedao mirándome no es pa menos- es bastante probable que tengas alguna de estas carencias... alimentos, compañía, descanso, alegría... así que dale al tripeo sin complejos, enrollate un poquito mas con la basca o con la turuelense,  pídele al Filesi un peta de esos que tan bien estuporfacea, alégrate porque has nacido en un century en el que puedes redondear el world como te salga del capullo  sin que te manden a la hoguera, o sea que...  date un homenaje tío… !.

Vamos que Diana me dejó colgao dela brocha y sin resortes para darle una respuesta a una filípica que ni mi madre ni mi tia Engracia hubieran mejorado.

Me di la vuelta silenciosamente y haciendo como que hacía caso omiso de los murmullos de los amiguetes de Diana que seguían allí impávidos pero descachifollandose de risa. (porque mucha apariencia, mucha pose a lo Donna Karan pero yo estaba persuadido de que se estaban partiendo el culo con la pastoral que me dedicaba Diana).

Bueno, pues eso, como quien no quiere la cosa proseguí mi camino por aquella acera que en ese momento empezaba a inundarse de seres con caras de currantes abrumados  de preocupación y entré en el primer Vips que me encontré (los Vips son un buen remedio según mi psicólogo porque allí si no te encuentras a ti mismo consigues encontrar el Vogue de la última semana y eso, aunque no lo parezca, reconforta, porque si encuentras el Vogue que es para tias y además no te interesa para nada, pues acabas inoculándote una frustración en forma de feed back que te regenera el hipo-tálamo, bueno eso es lo que me dice el argentino que me trata).

Pues entré en el Vips y sin mediar palabra le dije a la mozalbeta de acento colombiano que me atendió “... mira guapa, no tengo tarjeta Vips, para que te enteres, así que no puedo acumularme puntos y además no me sale del ese que me vendas nada, pero una cosa te voy a decir... la tristeza es un don del cielo y el pesimismo es una enfermedad del espíritu..." así que ya sabes, me voy porque hoy no me da la gana, ni consumir, ni trabajar, ni preocuparme ¿entiendes? bueno, pues eso, chao...

y me fuí, despreocupadamente, con una cierta sensación... de formar parte de los parias de la tierra... o sea, de todos los Filesis que en el mundo son…

 
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Daniel Tubau
Los maniquís

- Hola... hola... ¿hay alguien ahí?

- Parece que el novicio ya se ha despertado.

- Sí, ya iba siendo hora.

- ¿Quién está hablando? ¿Quiénes sois vosotros?

- Vaya pregunta. Somos los que somos.

- Pero es que no os veo, aquí sólo hay cuatro maniquís, no hay ninguna persona.

- Bueno, eso depende de cómo definas la palabra “persona”. Su etimología es “suena a través”, y no estoy seguro de que nosotros sonemos a través de nada

- No fatigues al novicio con tus etimologías. ¿No ves que acaba de llegar?

- Tienes razón... Nosotros somos estos cuatro maniquís.

- Sí claro, y yo me lo creo. Si vosotros sois los maniquís, ¿quién soy yo?

- Tú eres el quinto maniquí, por supuesto.

- ¿Qué?  No puede ser... Es cierto que hay un quinto maniquí. Ahora lo veo, ahora me veo... Esto debe ser un  sueño.

- Sí, algunos lo llaman el sueño eterno.

- ¿Queréis decir que estoy muerto?

- Bueno, así es como suelen llamar a tu estado actual los que pretenden estar vivos.

- Pero, entonces, entonces... ¿he muerto? Sí, claro, ahora recuerdo el accidente... ¿Cómo quedó mi coche después del golpe?

- Mucho mejor que tú: podrán repararlo.

- De acuerdo, estoy muerto. Es posible,  porque la verdad es que después de un accidente como aquel...

- Me parece que el novicio comienza a aceptarlo....

- Pero no entiendo qué hago aquí. No puede ser que la otra vida consista en convertirse en un maniquí.

- ¿Y qué tiene de malo? Se acabaron los dolores de estómago...

- ...las jaquecas...

- ...cualquier dolor, porque ya no tenemos carne que pueda sangrar, ni huesos que se puedan romper, ni nervios que se exciten, ni cerebro para experimentar el dolor...

- También se acabó ir corriendo de un lado a otro, porque aquí te llevan siempre a todas partes...

- ...y  además consigues ropa gratis, aunque no siempre del mejor gusto.

- Por cierto, llevamos ya mucho tiempo desnuditos en este escaparate.

- Pues sí, es que no se ponen de acuerdo en las tendencias de esta temporada.

- Esperad, esperad un poco. ¡Os he pillado! Decís que somos maniquís, ¿verdad?

- Pues sí, es una forma de describirnos bastante adecuada, dadas las circunstancias.

- Somos maniquís sin dolor de cabeza, de dientes, de estómago, porque ¿cómo vamos a tener dolor de estómago si no tenemos estómago?

- Eso es...

- Y, claro, cómo vamos a tener dolor de dientes sin dientes...

- Ya lo ha entendido...

- ¿Y cómo vamos a hablar sin tener boca?, ¿eh, listos?

- Ya empezamos...

- No te enfades con él, a todos nos pasó lo mismo al principio.

- Es verdad, en fin, habrá que explicárselo todo.

- ¿Explicarme el qué?

- Vamos a ver. ¿Tú crees en Dios?

- Pues, yo, la verdad es que tenía ciertas dudas. Yo creo, o creía, no sé, en “algo”. No en ese Dios con barba blanca...

- ¿En una especie de energía, ¿verdad?

- Pues sí...

- En “algo que está ahí y que en cierto modo cuida de ti”.

- ¡Eso es!

- Pues estás de enhorabuena, chaval, porque eso es lo que hay.

- ¿De verdad?

- Si, una especie de energía que cuida de nosotros.

- ¡Vaya, qué bien! Pero lo que no entiendo es por qué esa especie de energía nos ha convertido en maniquís.

- ¡Y dale! ¡Qué manía con los maniquís! ¿Es que te gustaba más ser persona, lleno de enfermedades, cansancio y todo tipo de sufrimientos?

- No, no es que me guste más, pero, no sé, la naturaleza se ha tomado el trabajo de hacernos evolucionar desde las bacterias hasta los primates. Y me parece terrible descender ahora a un trozo de cartón piedra inanimado.

- Vamos a ver. ¿No habíamos quedado en que existía esa “energía que nos cuida”, es decir, Dios?

- Sí, pero...

- Pues entonces olvídate de la naturaleza, que ni falta que nos hace.

- ¡Eh, alto! eso no puede ser, incluso los creyentes creen que hemos evolucionado de alguna manera.

- Vamos a ver. Ahora que sabes que Dios existe (porque nosotros te lo hemos dicho), vas y decides que tenían razón los del diseño inteligente.

- Claro. Si Dios existe, no creo que se quede al margen y no controle la evolución.

- ¿Y para qué querría Dios controlar la evolución?

- Pues para que algún día surgieran sobre la Tierra seres pensantes como nosotros... La verdad es que la evolución resulta más razonable si tiene un objetivo al que llegar. Del mismo modo que un reloj es fabricado por un diseñador, también el mundo es supervisado por Dios.

- ¡Serás insensato! ¿Es que tú te crees que un Dios omnipotente tiene necesidad de tantos aparatejos?

- ¿Qué quieres decir?

- Pues que un Dios omnipotente no necesita que haya una boca para que un alma hable. Por cierto, esa es la palabra que preferimos en vez de maniquíes: alma. O “espíritu”, si te resulta más cómodo.

- ¿Es que no te das cuenta de que si Dios quiere, puede poner un alma en una piedra, en una botella de vino... o en un maniquí?

- Puede ser, pero ¿por qué encerrarnos en estos cuerpos inanimados?

- En realidad las almas no estamos en estos maniquís ni en ningún lugar material, tan sólo los usamos porque nuestra vivencia en cuerpos nos ha hecho adquirir ciertas costumbres: como la creencia en la personalidad individual.

- Sí, eso facilita la comunicación entre nosotras. El vicio corporal es difícil de desterrar.

- Ahora que lo decís, creo que tenéis razón. ¿Para qué iba a necesitar Dios pasarse milenios controlando la evolución, si puede insuflar un alma en cualquier cosa? Sin duda, Dios también podría hacer funcionar un reloj pintado en la pared, sin necesidad de ningún mecanismo.

- Claro, por algo es todopoderoso, ¿no te parece?

- Pero, entonces, todos los creyentes que creen en el diseño inteligente...

- Están equivocados, por supuesto, como todos los que pretenden conocer a Dios. ¿Es que tú te crees que es fácil conocer los designios de “algo que es como una energía que nos cuida”?

- Entonces, ¿para qué sirve la evolución?

- Ni idea. Supongo que es la manera en la que la materia se entretiene.

- A las almas nos tiene sin cuidado lo que haga la materia.

- Sin embargo, las almas habitan en los seres humanos.

- ¿Tú crees? Eso no es seguro. A nosotras nos da la impresión de que la mayoría de los seres humanos son sólo mecanismos sin alma.

- Sí, un conjunto de válvulas y relés hechos de carne.

- Por alguna razón, a algunas almas les gusta meterse dentro de los seres humanos, pero los cuerpos pueden vivir sin nosotras.

- Sólo son materia organizada, pero nosotras somos parte de esa “energía que controla el universo”.

- Bueno, eso es una sospecha, tampoco estamos seguras. Pero sí está claro que Platón tenía razón cuando decía que cuando las almas se meten en los cuerpos olvidan que son almas.

- Nacer es morir.

- Y morir es en cierto modo nacer, porque al quedarte sin cuerpo no te queda más remedio que acordarte de que eres un alma.

- Muy bien, supongamos que tenéis razón. Pero si somos parte de la energía que controla el universo, o sea, de Dios, ¿por qué no nos hemos unido a él y seguimos habitando un trozo de materia tan vulgar como estos maniquíes?

- Al parecer estamos en el limbo.

- ¿El limbo?

- Sí, aquí, en estos maniquís vamos percibiendo poco a poco lo que somos realmente, sin todas esas distracciones de los cuerpos humanos. Podemos dedicarnos a ser almas todo el tiempo.

- Hay que suponer que en algún momento ya no tendremos necesidad de  habitar en algún tipo de materia, como la de estos maniquís.

- De hecho, ahora mismo una de nosotras se ha ido, seguramente para siempre.

- ¿Qué queréis decir?

- Que ya no somos cinco almas en un escaparate: uno de los maniquís ahora es sólo materia vacía.

- ¿Y dónde se ha ido?

- Tal vez se ha unido a la energía que controla el universo. La verdad es que desde hace un tiempo estaba como ausente. Hoy ni siquiera se ha dignado a hablar contigo.

- Sí, últimamente estaba muy descarnada, o desacartonada.

- ¿Y nosotras cuando nos iremos?

- Probablemente cuando ya nada de lo material nos interese. Porque nosotras todavía estamos muy preocupadas por algunas cosas terrestres...

- ¿Cómo cuáles?

- Como las tendencias que se van a llevar la próxima primavera...

- ¿Creéis que volverán los tonos pastel?