EL PÍXEL DE ORO
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III Convocatoria - 2005

 

Relatos premiados
[Pulsa sobre el relato que quieras leer]:

 

Daniel
El libro de los condenados.

Cuando llegue el Día el Juicio Final, todos los seres humanos se presentaran ante el trono de Dios. Los muertos saldrán de sus tumbas y se unirán a los vivos para ser escrutados por los ojos terribles del Altísimo. Entonces él abrirá el libro de los condenados y leerá los nombres de aquellos que verán transcurrir la eternidad en el infierno.

Yo soy quien ayuda a Dios en su tarea. Yo escribo los nombres de los condenados en el libro del Señor, en este libro que nunca se acaba y en el que siempre puedes encontrar una página en blanco.

He escrito ya millones de nombres en mi tarea de siglos. He anotado los nombres de todos los que han pecado, de hecho, de palabra o de pensamiento, contra Dios o su Iglesia; contra quienes han blasfemado o negado su Grandeza, contra quienes han puesto en duda su bondad.

He anotado el nombre de una mujer que no se reunirá nunca en el Cielo con su amado porque perdió la virginidad antes de casarse por los lazos sagrados, el de los hijos que no verán nunca a su padre porque fueron concebidos en pecado, el de un sabio que vivió cristianamente pero no conoció la revelación de Cristo porque nació trescientos años antes de la Encarnación ; el de un devoto que se unió a una secta herética por odio a la Inquisición , el de un campesino que maldijo a su amo, el de dos mujeres que se amaron con el amor más puro pero más prohibido.

Confieso que a menudo dudé cuando tuve que escribir algún nombre. Sí, al redactar la lista de los condenados, he dudado de Su bondad. Y he anotado mi nombre en el Libro de Dios, porque yo tampoco soy digno de Él.

 
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Máximo de Sastre
Monólogo del Siniestro.

Qué triste es vivir sin rostro. Qué tedio producen los nombres de los condenados. Qué interminable camino hacia la nada, sembrado de nombres indiferentes. Cuánta muerte en mi cabeza sombría... Y cuánta luz, oh, Señor, la que me traes en los labios de este niño que cabecea bajo mis sotana.

 
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Roser
Sin título.

—Tus dedos nunca volverán a escribir una palabra porque nuestro amor es verdadero.

Repitiendo esto como un salmo la irascible y enamorada bruja despechada se perdió volando, más allá del bosque y las montañas, sin volver la vista hacia el joven que, inmóvil y súbitamente helado, trataba en vano de deslizar la pluma sobre una nueva e impoluta hoja de su diario de conquistas. Y empezaba a impacientarse mientras se abrigaba, el muy pobre, pensando en lo estúpido de aquellos métodos arcaicos de las brujas guapas del lugar, que van lanzando sortilegios para hacerse notar en cuanto se sienten un poco celosas y...

De todo esto hace unos cuatrocientos cincuenta años y, en efecto, el joven de momento no ha escrito nada más.

 
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Teruel no existe.

Ya no queda nadie. Estoy solo. Se han ido todos. Uno a uno, otro tras otro, se han marchado de aquí, el último monasterio de Teruel. Quizá yo también habría huido de no ser por la extrema fatiga que encadena mis miembros a esta roca, a esta piedra, devorada por el musgo y el tiempo.

En la lluvia se crece el silencio.

Al principio intenté encontrar consuelo en las pequeñas criaturas que se asoman a la vida cuando los hombres andan lejos. Insectos, lagartijas, arañas y hasta esos malditos cuervos que se mofan estridentes de mi dolor: a todos contemplaba, aliviado por su compañía, sin saber quién era más bestia si ellos o yo, que perdía ya toda esperanza de encontrarle un sentido a mi decisión.

Ya no siento ni hambre ni frío, aunque no hay noche en que la luna no riegue mi cuerpo, cada vez más cansado, más muerto de vana espera.

Si tan solo encontrara fuerzas para concluir mi relato, para terminar de escribir esta página maldita, para quebrar las fuerzas que me atan a esta absurda forma con que me talló el escultor para toda la eternidad. Si al menos el sol me fundiera y pudiera volver a besar mi tierra.

 
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Leafar
El hombre atormentado.

Aquí oculto mi pecado, tras de esta túnica hay un hombre atormentado.

¿Mi pecado? ¿Qué importa eso?

Quizás a algunos les parezca una tontería, quizás ante los ojos de Dios obtenga los perdones a un justo arrepentimiento o quizás merezca la muerte. Muchos hombres a lo largo de la historia han recibido el perdón después de asesinar, torturar, violar o robar… yo sin embargo solo abandoné lo que más quería. Pero no, yo no quiero perdones divinos, tampoco deseo la muerte, poco castigo sería para mi pecado acabar con esta penitencia. Solo puedo vivir escondido, ocultando mi rostro, para no ser reconocido por aquellos que algún día fueron mis amigos y que luego traicioné. Porque, ese fue mi delito, retirar la mano a un amigo cuando él me la tendía pidiendo auxilio… ¿Merezco clemencia? Yo no la quiero.

 
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Java Jenner
Cuento ganador del píxel de oro.

Cuando llegue el momento escribid sobre mí las cosas tal y como fueron, sin omitir ni añadir nada. Escribid como he deambulado por las luces y por las oscuridades, por lo claro y lo difuso. A veces con pasos dirigidos, otras veces con pasos erráticos. A veces guiado por mis convicciones, otras veces por impulsos irracionales. Escribid mi verdad absoluta y mi verdad relativa, cuando he tenido razón y cuando me he equivocado. Y quede esta estatua como recordatorio de mis deseos futuros. Cuando llegue el momento cumplidlos o no, realmente no importa. Yo no estaré para saber si ha sido así o no. Lo único que me importará es lo que yo me llevo, mi vida.

 
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Ondina
Sin título.

"Cuando se durmió, la estatua ya no estaba allí"

(Se recomienda ver las polémicas para entender qué vientos levantó este cuento)

 
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Rafael
Craven vs Píxel