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De todas maneras, también eran un poco las ganas que tenía este chico de amargarse pues, a pesar de todo, nunca padeció verdaderas penurias económicas y siempre pudo dedicarse a sus dos vocaciones, la pintura y la música, sin tener que preocuparse en demasía por los dineros gracias a la holgada situación de su familia. Parte de estos recursos eran fruto de una tienda de recuerdos que tenía su madre. En la tienda se podían encontrar todo tipo de cosas raras, desde máscaras hasta objetos chinos, y no es de extrañar que algunos elementos de la imaginería de Ensor provinieran precisamente del local materno. De hecho, Ensor siempre estuvo bastante ligado a su madre y a su hermana, sobre todo a partir de la muerte del padre en 1887, cuando Ensor apenas tenía 27 años. Ingeniero de profesión, James Frederic Ensor no sólo le permitió que se dedicase a la pintura sino que le animó a ello permitiéndole descuidar otros estudios y las faenas en la tienda. Sin embargo, a pesar del relativo buen clima familiar y que desde los 20 años disponía una buhardilla propia que le servía de estudio en su ciudad natal, Ostende, este artista de tendencias anarquistas no terminaba de ser feliz ante el total menosprecio que padecía su obra, situación absurda que felizmente comenzó a cambiar de signo con la entrada del nuevo siglo. Resulta difícil clasificar su estilo caracterizado por los colores fuertes, chillones, casi desgarrados y los trazos llenos de expresividad. Personalmente, los cuadros que más me gustan son los más fantasiosos, donde las máscaras grotescas e hirientes parecen advertirnos de una realidad absurda y despiadada que, tal vez, no fuera tan subjetiva como nos pudiera parecer desde la distancia. |
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