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05 - 08 En las afueras del pueblo checo de Kurtna Hora se encuentra un cementerio con un osario impresionante. Como sabéis los osarios son el almacen donde se guardan los huesos desenterrados en los cementerios cristianos para hacer sitio a los nuevos muertos. En algunos casos, como en este, a los eclesiásticos que guardaban la necrópolis le entraba una vena artística y se ponían a elaborar lindas artesanías con los restos de los difuntos... Para que luego hablen mal de los aztecas. Pobres esqueletos, encerrados en una celda carente de cualquier mínima condición higiénica, amontonados unos sobre otros, hacinados, sin apenas espacio para respirar una bocanada de aire fresco que les recuerde el buen tiempo pasado. |
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| Por otro lado, el pueblo era muy bonito y se comía de maravilla. Para llegar, cogimos un medio de transporte muy ectraño. Una especie de tren que funcionaba con electricidad (creo que es el famoso trolebús, pero no estoy seguro). |
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El Sol caía como una guadaña, sin embargo, intrépidos y un tanto incoscientes no dejamos de caminar durante todo el día. |
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El pueblo cuenta con catedral gótica preciosa.
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| Comimos en una taberna de cazadores. Fue demoledor. Mi plato consistía en una carnaza con salsa de champiñones, y me lo zampé después de engullir una sopa tan espesa que se cortaba con cuchillo. Tras la ligera pitanza fue cuando andamos no sé cuántos kilómetros bajo el Sol para ver el osario. |
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