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1 - 08 / 5 - 08 Praga es una ciudad maravillosa. Pasear por Praga es una verdadera delicia por la sucesión ininterrumpida de hermosos edificios de principios del siglo XX. Sin embargo, en ocasiones, la gran cantidad de turistas y tiendas de souvenir te provocan cierta sensación de irrealidad, como si estuvieras andando por un museo. (Con esto no quiero decir que no me gusten las zonas llenas de turistas, todo lo contrario, me gusta mucho estar rodeado de gente a la que le gusta viajar). Esta es la plaza principal. Todas las calles del centro confluyen en esta inmensa plaza. |
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El Danubio separa en dos la ciudad y para ir de un lado a otro hay que pasar por puentes. En el principal hay gente tocando y puestecillos de souvenir. Este era un grupo de jazz que tocaba de maravilla. El de blanco debía de tener unos 90 años. |
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| La entrada al puente |
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Callejón de los orfebres en el recinto amurallado. En el número 20 se dice que vivió Kafka. Antiguamente acogían a la soldadesca y más tarde a gente sin pelas. |
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| Altos, desde luego que no eran. |
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La catedral de San Vito. Dentro hay unos frescos impresionantes, entre ellos uno de Mucha, un pintor decó que es casi el patrón de la ciudad (por lo menos de las tiendas de turis) y que es el que hacía todos los carteles de Sarah Bernardt. |
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Je, je, je... Superando mi vértigo subí por una angosta escalera de caracol a un campanario de la catedral (289 escalones retorciéndose por un corredor que apenas debía contar con un metro de ancho, la gente subía y bajaba, claustrofobia total). La vista era impresionante. |
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| Por las afueras de la ciudadela había un sinfín de casas preciosas, llenas de color.. |
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