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| Por la carretera |
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En la cima más alta de la isla se encuentra el laboratorio astrofísico Roque de los muchachos, un conjunto de instalaciones dedicadas a la observación del espacio. Para llegar hay que recorrer casi 40 kilómetros de sinuosas y empinadas carreteras, pero vale la pena pues ya el propio recorrido es de una gran belleza.a
Eso sí, tengo que reconocer que para las personas que padecemos vértigo hay algunos tramos pelín angustiosos, con todo ese vacío acechando a tan solo unos pocos metros del coche (que en nuestro caso era una reliquia del pasado, frenos incluidos).
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| El Observatorio |
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Las estructuras de los astrónomos se levantan en medio del terreno configurando un paisaje de ciencia ficción. Pasar una temporada allí, estudiando las estrellas y demás cuerpos celestes debe resultar muy entretenido. Decidido, cuando sea mayor seré un aborigen australiano en este sugerente laboratorio internacional.
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| Momento pánico |
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Justo cuando estábamos en lo más alto se rompió el coche, al parecer por estar demasiado caliente y por falta de agua. Por fortuna, resucitó tras dejarlo descansar un rato y echarle más agua. Si no se hubiera arreglado quizá habríamos podido dormir en el laboratorio, cachis, casi habría sido mejor así.
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| Los cuervos |
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Unos cuervos revoloteaban por nuestras cabezas mientras Eva y Daniel arreglaban el coche. ¿Acaso presentían una muerte cercana? Para tranquilizarnos describí con el mayor detalle posible la manera en que podían zamparse nuestros cadáveres empezando por los glóbulos oculares.
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| La cima de La Caldera |
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El Observatorio se encuentra en la parte más alta de La Caldera, que desde semejante altura se observa con claridad. Y es que por verse, se veían hasta otras islas de las Canarias, como Tenerife.
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| Un cineasta en la cumbre |
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Daniel aprovechó para rodar unas cuantas tomas de un cortometraje que está realizando, el cual espera terminar dentro de solo 20 años.
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| Mar de nubes |
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Desde la cima, las nubes se desparraman montaña abajo empapando un terreno volcánico, de tonos rojinegros, en el que apenas crece vegetación alguna.
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