Casablanca I
Casablanca II

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  CASABLANCA II  
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  La medina  
 

Las medinas o barrios viejos de las ciudades árabes suelen ser intrincados laberintos formados por una miríada de calles y callejuelas que se retuercen y entrecruzan sin orden alguno. En ellas se encuentra el zoco o mercado, donde apenas hay un metro cuadrado sin aprovechar para levantar una tienda o un pequeño puesto donde vender las más variopintas mercancías. Por lo que vimos, la medina de Casablanca resultaba menos abigarrada y exótica que en otras ciudades, pero aún así la paleta de olores, colores y sonidos era de una riqueza exuberante.

 
     
   
     
   
     
   
     
 
 
     
   
     
   
 
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  Por la ciudad  
 

Empezamos este breve recorrido por las calles de Casablanca con una imagen representativa de la peculiar concepción que tienen los marroquíes sobre las normas viarias; la cuál muestra una clara tendencia a obviar signos tan superfluos como los semáforos o los pasos de cebra. Curiosamente, en Calabria, la italiana patria de mi familia materna, así como en Grecia pudimos observar desprecios similares para con la semiótica viaria occidental: ¿será cosa del Mediterráneo, que diría el poeta?

 
     
   
     
  A los integristas se les reconoce con facilidad por su vestimenta blanca y las largas barbas.  
     
   
     
 

Algunas playas de Casablanca y Rabat están muy bien, muy limpias y con un mar formidable. Por cierto, aunque en ellas se veían algunas mujeres con pañuelo, lo normal era que fueran en bañador y con bikini, sobre todo las más jóvenes. De hecho, también por la calle las mujeres jóvenes tendían a ir sin más abrigo que el necesario. Con un poco de suerte, es de esperar que la opresiva situación de la mujer musulmana vaya cambiando a medida que crezcan estas generaciones, las cuales conocen de sobras la situación más o menos igualitaria de las mujeres occidentales.

 
     
   
     
 
 
     
 
Estos aguadores vestidos de rojo y con campanillas por todo el traje reparten agua a cambio de una limosna.
 
     
   
     
 
Aquí Eva, Mohamed y yo nos pusimos morados de pescado fresco por poco más de 10 euros. Una buena razón para visitar Marruecos es lo barato que resulta todo para un europeo. Con lo que un turista se gasta para comer durante una semana en Londres, aquí puedes vivir semanas.
 
     
   
     
 

Con Mohamed, uno de los miles de familiares de Nuza, una persona encantadora con la que congeniamos enseguida (sobre todo Eva, con la que no paraba de hablar en francés, idioma que dominan todos los marroquíes del centro y del sur). Llevamos el mismo gorro por que el día en que le conocí le dije que me gustaba mucho el suyo: a la mañana siguiente me regaló uno igual.

 
     
   
     
 
 
     
 

Lápida en memoria de las personas que fallecieron en el atentado de Casablanca de mayo de 2003. Por su menor envergadura, en ocasiones nos olvidamos de los actos terroristas perpetrados en los países no occidentales, sin embargo, allí son igual de cruentos y provocan grandes problemas a la gente normal, a la que, entre otras cosas, se le priva de una de sus principales fuentes de ingresos, el turismo. Imaginemos qué pasaría en España si dejaran de venir turistas por los atentados que cometen los nazionalistas de ETA.

 
     
 
 
     
 
 
     
   
     
  Una construcción característica del protectorado francés.  
     
   
     
  Cómo ya vimos en Estambul, cualquier lugar es bueno para poner un tenderete.  
     
   
     
   
     
 
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