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Cerca de Maó y ciutadella han surgido pequeñas urbanizaciones playeras como esta de Cala en Blanes donde estábamos alojados Eva y yo. En estos lugares, el turista encuentra todo aquello que necesita para entrar en la dulce ataraxia veraniega: calitas, supermercados, bares, restaurantes, algún que otro centro comercial, recreativos, etcétera.
Estos sitios funcionan muy bien para familias con niños y amantes de la ausencia de estímulos intelectuales. Es decir, sirven perfectamente para regresar a esos lejanos tiempos prehistóricos donde el ser humano podía limitar su actividad neuronal a unos pocos instintos (comer, dormir, follar). Sin embargo, he de reconocer que al segundo o tercer día, todo aquello nos empezó a resultar un poco soporífero. Aunque era precisamente el lugar que habíamos pretendido (un sitio para descansar), aquella vida tenía un no sé qué de aburrido .
En la imagen, donde vivíamos. |
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