El ayuntamiento visto desde el puerto. En la puerta descubrimos unos coloridos coches de la policía. En realidad lo que habíamos tomado como un alarde de alegría respondía al siniestro impulso nazionalista que lleva a la gente a gustar de banderas y emblemas, pero en cualquier caso este cuerpo de seguridad parece más alegre que la verdosa guardia civil.
Callejeando
Ciutadella es una pequeña y agradable ciudad que ha protagonizado la capitalidad cultural de la isla (frente a la administrativa y económica de Maó). El centro histórico resulta un lugar grato para pasear, con casas de tonos pastel que me recordaban a la Toscana italiana, y algunos carteles junto con otro tipo de indicios nos hicieron sospechar que debe acoger una interesante vida cultural.
La catedral de Santa María, levantada en el siglo XIV sobre una antigua mezquita. El interior es muy acogedor.
La mejor estatua que he encontrado jamás dedicada al nazionalismo.
Este obelisco del siglo XIX conmemora un gran saqueo de la ciudad que perpetraron los corsarios turcos en el siglo XVI. De hecho, por entonces eran tan frecuentes y cruentos los asaltos corsos a la isla que Felipe II se pensó incluso el abandonarla ante la imposibilidad de defenderla.
El molí des Comte, un antiguo molino harinero hoy reconvertido en restaurante.
El bastió de Sa Font, último testigo de la antigua muralla que antaño protegía la ciudad y que hoy alberga un pequeño museo histórico.