oviedo - cudilleiro - marcóticos
Para celebrar las navidades del 2004, Teresa, Alda y yo nos fuimos a Oviedo, donde vive mi hermano Uri. Fueron apenas un par de días, pero muy intensos y me sirvieron para intuir los encantos de una ciudad que desconocía, además de descubir la cálida melancolía de un pueblo cercano, Cudilleiro.

 

Viajé de noche, sentado en un tren lleno de gente. Generalmente, me gusta pasar horas y horas en los trenes. Pero por lo incómodo del dormir sentado se me hizo particularmente largo.
La casa de Uri está fenomenal y Uri está encantado con el cambio de ciudad. La verdad es que debe ser una maravilla vivir en una ciudad pequeña, donde puedes ir a todos los lados andando y esas cosas que se dicen...
Teresa.
Alda.
Una chica muy guapa en la pared.
Por allí cerca había unas casas muy chulas. Me recordaban a Escher y, como cada una era de un color, le daban un toque de alegría a la ciudad.
Callejeando.
Las pequeñas iglesias prerrománicas de las cercanías, como Santa María del Naranco o la de San Miguel, son impresionantes. Resulta increíble que en aquella época, fueran capaces de construir semejantes estructuras con tan pocos medios.
La vuelta a Madrid fue un tanto épica. Entre la nieve, la niebla y los poquísimos coches que circulaban (era 25 de diciembre) aquello parecía un tanto fantasmagórico.
Estas 2 fotos me gustan bastante.
¡Ah! esos lugares perdidos de Castilla que acogen a fugaces transeuntes cuyos únicos intereses por la localidad es comer barato y hacer sus necesidades...
Nos detuvimos a comer a eso de las 5 de la tarde en un parador. No nos dieron de comer, pero nos tomamos un cafetito gozando de un paisaje inexistente.
Allí descubrimos el llamado Shadows in the rock art
Así como el windows art in contraluz