-19 - 26 sept

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Bajando la montaña llegas a las playas de Palmi, que, como en casi toda Italia, están divididas por establecimientos. Cada establecimiento, además de los habituales servicios de bar cafetería, tiene sus sombrillas, por lo que la playa se transforma en una colorida sucesión de paraguas uniformados. Las familias suelen alquilar la misma sombrilla para todo el verano y, así, en cada playa se forman microsociedades vecinales. Por supuesto, a cada playa va un tipo de gente determinada.

 


Me encanta nadar hasta el fondo y dejarme mecer por las olas mientras escucho el canto de los millones de grillos o chicharras que pueblan la montaña. Al fondo se ve el llamado “escollo del olivo”, donde van los jóvenes para lanzarse desde arriba del todo en una simpática muestra de virilidad calabresa.